Y surge enseguida la duda, ¿estoy preparado y tengo mi lámpara llena de aceite? Si el Señor me llamara ya a su presencia, ¿qué le ofrezco, qué cosas quedan aún pendientes de hacer? Porqué no he acometido esos asuntos pendientes? ¿A qué estoy esperando? Examino mi actitud ante los demás, examino mi amor por los otros, mi compartir y servicio, examino mi sentir hacia El. ¿Estoy alerta a lo que el Señor quiere de mí?
Si, antes de que sea tarde, demasiado tarde, ayúdame Señor a encender mi lámpara, a crear un cielo en la tierra, a colaborar en tu Reino, a no soñar quimeras sino a hacer realidades. Ayúdame a entender que está en mi mano, que de mí dependen y no de otros demasiadas cosas. Que no valen los lamentos…
Que mi lámpara esté siempre encendida.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

