Buenas,
el Señor todo lo hace bien, «hace oír a los sordos, da vista a los ciegos». Oír y ver, escuchar y mirar de otra manera. Este domingo la liturgia nos habla de apertura, » ábrete «. En la curación del sordo hay todo un simbolismo de la acción de Jesus en nosotros. Si, porque nosotros también estamos sordos a las palabras que no nos interesan, estamos sordos a la Palabra que transforma, sordos al clamor de los que sufren, sordos al misterio que nos rodea. Somos muchas veces seres metidos en nuestro mundo, nuestra rutina o nuestra programación. Hoy el Señor nos pide apertura, que abramos nuestros oídos, que escuchemos, que nos dejemos tocar y sanar por El, que cambiemos nuestra mentalidad cerrada y nos abramos a la sorpresa, a la novedad que El trae y que una y otra vez nos resistimos a ver o escuchar.
También la Palabra nos habla este domingo de esperanza y confianza a través del profeta Isaías. Nos resistimos a aceptar que esa esperanza transformadora es real. Que esa profecía se hizo real y verdadera en Jesucristo y que El posibilita ese cambio en nosotros y en el nuevo mundo que soñamos. Nos anima a vencer el miedo y confiar de verdad.
» El desamado ya no estará solo. El cobarde se alzara, dispuesto para la lucha. Quien se consume en rencor descubrirá el perdón. El nostálgico abrirá, al fin, la puerta al futuro. El inseguro escuchara la interior voz de un amor eterno. Quien duda sabrá que era verdad. El violento aprenderá compasión. El cínico recobrará la inocencia de antaño. El poderoso se ceñirá una toalla y limpiara las llagas del herido. Todo esto y mucho más, ocurre ahora, cada vez que Tu Palabra echa raíz en mi tierra árida, y sacude mis entrañas tu Evangelio» ( José María R. Olaizola, sj)
Feliz semana y un abrazo, Paco

