Vivencia y testimonio de mi viaje a Tierra Santa

Vivencia y testimonio de mi viaje a Tierra Santa

Vivencia y testimonio de la peregrinación a Tierra Santa

He realizado un viaje soñado y anhelado desde hace tiempo a Tierra Santa y Jordania. Pisar sobre el suelo que el Señor pisó en esos momentos  trascendentales de su vida, recorrer sus caminos en oración y reflexión tiene que llevar a parecernos más a Él. En mi corazón  han estado mi familia y mi comunidad.

El primer día bajamos al valle del Jordán. Mis ojos comenzaban a ver lo que Él miró y contempló. Con la mirada y el corazón puesta en el Señor, me acerqué al Jordán para renovar las promesas bautismales y recibir el  Espíritu Santo y así renovar mi  misión y compromiso. He pisado esa orilla, esa tierra y he sentido en mi cuerpo esa agua.
Continuamos subiendo hacia el monte Nebo donde Moisés contempló la Tierra prometida. Una escultura en bronce del italiano Fantoni recuerda la serpiente en forma de cruz que Moisés por mandato del Señor levantó para que a todo aquel que la contemplara se le perdonaran sus faltas por la adoración al becerro de oro. Cuántas veces Señor, adoramos a otros dioses y dejamos de confiar en ti. Cuántas veces nos desanimamos y perdemos la esperanza en tus promesas. Por eso es necesario mirar tu cruz y comprender todo lo que diste por nosotros y como sellaste con el máximo amor posible la realidad de una salvación que no terminamos de creernos porque no vivimos como tú quisieras.

El segundo día fuimos a la ciudad de Petra, considerada segunda maravilla del mundo. Petra, la ciudad de los nabateos es una rica fusión de la mano del hombre con influencia de las culturas asiria, egipcia y helenística y de la mano de Dios con la gran majestuosidad de la Naturaleza en sus cañones rocosos y escarpados. Petra me ha parecido todo un símbolo de arquitectura y escultura espiritual a través de todas las tumbas excavadas en la roca y el santuario.

El tercer día fuimos camino de Jerusalén en dirección a Belén. Poner los pies en Belén de Judea y estar en la cueva donde el Señor nació es volver la mirada a nuestro interior para despertar y sentir que Él  siempre está a nuestro lado. Comprobar la pobreza en la que nació el Señor,  me invita a vivir en humildad y sencillez y adorarte y cuidar siempre que en mi vida nunca me faltes. La entrada en la Basílica te obliga y te invita a agacharte para entrar por la puerta estrecha.

El cuarto día  lo comenzamos de madrugada en la Vía Dolorosa, vía crucis, el calvario y Santo Sepulcro. Hemos recorrido las quince estaciones del Vía crucis por la vía dolorosa. La calle por la que el Señor con su sufrimiento al cargar la cruz  y dar su vida en ella nos redimió, la vía que le llevaba al Gólgota pero también a su posterior Resurrección. He reflexionado sobre la vida, el sentido del dolor, mi condición de pecador y la necesidad de comprender su dolor para seguirle mejor. Y hemos llegado a la roca del calvario donde fue clavado Jesús en la cruz. Qué privilegio celebrar allí la Eucaristía y vivir ese momento. Qué sensación Señor sentir ahí  su presencia. Y por fin, llegar al santo Sepulcro, a esa piedra que tres días albergó su cuerpo y tocarla.
Monte Sión, cenáculo, Basílica de la dormición de la Virgen  e Iglesia del Gallicantu.
Tras la fuerte vivencia de la mañana, por la tarde hemos visitado el cenáculo. Ahí Señor instituiste la Eucaristía y el sacerdocio y anunciaste tu muerte en cruz. Ahí también le lavaste los pies a tus discípulos mostrándonos que nuestra actitud debe ser siempre de humildad y servicio. Después hemos recorrido contigo el camino hasta la casa de Caifás donde fuiste condenado tras burlarse de ti.  Allí el grupo hemos rezado un salmo rememorando ese dolor que tuviste que sufrir abandonado de todos. En esa oscuridad de la cueva han comenzado a tener sentido nuestras oscuridades para hacer como tú si nos sentimos despreciados y abandonados, confiar plenamente en el Padre. Pero Señor, somos muchas veces como Pedro y te negamos y tú nos sigues preguntando tres veces como a Pedro si te amamos de verdad. Cuánto sufriste Señor por mí y por cada uno.
El quinto día fue  intenso en Jerusalén: hemos visitado la Piscina de Bethesda donde tuvo lugar la curación del paralitico, la Iglesia de Santa Ana (madre de la virgen María). Allí vimos el lugar del nacimiento de MARÍA y cantamos todo el grupo la Salve. De forma especial quiero comentar la vivencia en Gethsemani (gruta y huerto), la Basílica de la agonía y el camino del Domingo de Ramos bajando por el monte de los olivos así como la Iglesia del Dominus Flevit (lugar donde Jesús lloró por la destrucción de Jerusalén) y la Capilla de la Ascensión  del Señor.
En Getsemaní, Señor, tus discípulos más queridos te abandonaron. Te quedaste sólo porque a cada uno le pudo el sueño y el cansancio. Estaban en sus cosas… y a Ti Señor tu humanidad te llevó a un enorme sufrimiento y tristeza porque sabías lo que se te venía encima. Hemos contemplado los olivos milenarios que pudieron ser testigos de esa agonía, la piedra donde te apoyaste y hemos celebrado la Eucaristía en la gruta donde acudiste con tus discípulos cuando te dejaron sólo.

Bajando el monte de los olivos hemos contemplado Jerusalén como tú lo hiciste cuando montado en un pollino como símbolo de humildad hiciste tu entrada triunfal. En el lugar de tu Ascensión a los cielos hemos tenido el privilegio de tocar la roca sobre la que ascendiste. Fue el último momento de tu presencia física pero tú nos dijiste que no nos quedáramos mirando al cielo y que cuentas con nosotros. Desde ese momento llegaba la hora de los tuyos, de la Iglesia y tus comunidades.

Por la tarde, visita a Ain Karem, el lugar de la visita de María a su prima Santa Isabel, la casa de Isabel y Zacarías y el lugar del nacimiento de Juan el Bautista. Hemos orado el Magnificat y el Benedictus. Día intenso que va marcando huellas en el corazón.
En el sexto día salimos de Jerusalén y nos hemos dirigido hacia el norte camino de Galilea atravesando el desierto de Judea en dirección a Jericó en territorio palestino. En Jericó hemos visto el sicomoro, el tipo de árbol sobre el que se subió Zaqueo para ver a Jesús cuando pasaba porque era bajo de estatura. Zaqueo supo superar los obstáculos del camino para encontrarse con  Jesús. Y desde ese momento su vida se transformó. Que yo también Señor contemplando esta tierra que tu pisaste y siguiendo tus caminos me deje transformar por ti. Entrando de nuevo en Israel nos dirigimos ya en dirección al lago de Tiberiades. El paisaje se convirtió a un verde frondoso y de gran belleza completado con un azul del lago intenso y bello. En este nuevo paisaje Señor, predicaste y llamaste a tus discípulos, obraste maravillosos milagros y tu Palabra anunció todo un camino de santidad, felicidad y plenitud en el sermón del monte. Allí, en ese monte de las bienaventuranzas, tuvimos el privilegio de celebrar la Eucaristía al aire libre con el lago azul de fondo contemplando el mismo paisaje que tu contemplaste cuando marcaste claramente el camino a seguir: ser misericordiosos, pobres de espíritu, con hambre y sed de justicia y de paz, valientes en tu seguimiento aún cuando puedan perseguirnos, sensibles (los que lloran), limpios de corazón, etc.

Otro momento especial ha sido acercarnos a la orilla del lago donde llamaste a los discípulos a seguirte y ser pescadores de hombres y cuando ya resucitado, te apareciste a Pedro y comiste junto a él y el resto en una roca que pudimos ver y le recordaste ese milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Allí le preguntaste a Pedro tres veces si te amaba por sus tres negaciones y allí tú también me lo preguntas a mí y me invitas también como a Pedro a edificar tu Iglesia y ser pescador de hombres con mi ejemplo y la Palabra. Instituiste el primado de Pedro “tú eres Pedro y sobre esta piedra…”
Por último, nos dirigimos a la aldea de Cafarnaun donde pudimos ver los restos de la casa de Pedro donde tantas veces fuiste y donde curaste a su suegra. También allí te quejaste amargamente de la dureza de corazón de muchos a pesar de los grandes milagros realizados (el paralitico, la hemorroisa, etc). Hemos culminado el día con un paseo en barco por ese mar de Galilea, ese lago testigo de tu amor donde calmaste la tempestad ante el miedo de los apóstoles, donde se produjo esa pesca milagrosa que podemos conseguir cuando con paciencia nos apoyamos en ti, donde nos invitaste a remar mar adentro…

En el séptimo y último día de nuestra peregrinación  hemos visitado en primer lugar Cana de Galilea. Allí Jesús anticipó su vida pública con el milagro de las bodas de Cana transformando, a petición de su madre, el agua en vino, “haced lo que Él os diga”. Los matrimonios asistentes han renovado sus promesas matrimoniales y el lugar nos ha invitado a los casados a darnos cuenta de que las dificultades de la convivencia se pueden superar con la ayuda del Señor porque cada vez que perdonamos, olvidamos lo negativo, pensamos más en nuestras parejas, vencemos nuestros egoísmos y ponemos sus necesidades por delante de las personales, estamos renovando esa promesas.
En Nazaret hemos sentido la cercanía de María, la llena de gracia y que con su Si, su “hágase en mí según tu Palabra“, nos ha transmitido lo esencial del cristiano: la actitud de sencillez, humildad y apertura a estar abiertos a la voluntad de Dios en nuestra vida para que su plan para cada uno de nosotros pueda cumplirse. Impresiona el ambiente de silencio y recogimiento de la basílica de la Anunciación y el haber estado tan cerca y haber contemplado la casa donde tuvo lugar el anuncio del Ángel. Hemos celebrado la Eucaristía el grupo en la Iglesia de San José junto a la Basílica en el previsible lugar del taller de San José y hemos tenido presentes de forma especial a cada una de nuestras familias para que cada vez nos parezcamos más a la familia de Nazaret.
Por la tarde, el monte Tabor se nos presentaba majestuoso y al llegar contemplábamos la Iglesia actual levantada allí rememorando ese hecho trascendental donde los discípulos Pedro, Santiago y Juan por un instante pudieron ver el cuerpo resplandeciente de Jesús símbolo de su divinidad y eternidad y anticipo de la Resurrección. Qué bien se estaba allí con Él, hagamos tres tiendas. También nosotros podemos tener esa pretensión de comodidad y disfrute con Jesús pero El me quiere bajando el monte y llevando su mensaje y el testimonio de mi vida a los demás. Hemos finalizado la peregrinación y estamos bajando el monte. Nos esperan nuestras familias, comunidades, trabajos y tareas pastorales. Pido al Señor por los frutos de este viaje para todos y cada uno de los que lo hemos vivido.

 

Francisco Ortega Romero