Buenas,
este domingo el Evangelio anuncia esa proclamación realizada por el propio Jesús del cumplimiento de la promesa hecha por el profeta Isaías. Jesús ha venido para liberarnos, para redimirnos, para traer la Buena Noticia a los pobres y a todo el género humano, para establecer un tiempo de gracia para todos.
Basta creer porque se inicia un tiempo de fe, de confianza en esa realidad salvadora que es la persona de Jesús. El ha hecho posible una nueva dimensión en los seres humanos cuando nos dejamos llevar y guiar por el Espíritu. El ha permitido nuestra unción por ese mismo Espíritu que vivifica y santifica, que nos llena de vida de esperanza y que nos capacita para un amor verdadero.
Hoy es un día para pedirle al Señor que nunca nos falte ese Espíritu porque sin él somos criaturas apocadas, anodadadas, sin rumbo fijo ni norte.
Dejémonos inundar por ese Espíritu, dejémonos llevar y guiar. Pidamos siempre al Señor su fuerza sanadora y su gracia abundante. Nuestro corazón lo necesita y nuestro mundo también.
La realidad triste vivida estos días con Julen así lo pone de manifiesto. Cuando nos dejamos guiar por la compasión y ese amor que teje redes solidarias ya no nos miramos a nosotros mismos sino al problema y la necesidad del otro y todo queda transformado poniéndose al servicio del otro acompañando en el dolor y al servicio de la vida humana: el esfuerzo, el tiempo, la máquina, la entrega, todo se hace servicio pleno.
Que nuestras manos no estén nunca vacías y que nuestra vida deje la huella del testimonio entre los hermanos.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

