“María conservaba estas cosas, meditándolas en su corazón”
Buenas,
tras la fiesta de noche vieja y cuando ya miramos el nuevo año que acaba de comenzar con renovados deseos, hoy la liturgia pone su mirada en María. Y asistimos a una de las solemnidades más importantes de María, en este caso como Madre de Dios. Esta fiesta junto con la Asunción y la Inmaculada es la gran celebración de María.
El gran misterio de esa maternidad eleva a María como madre de todos nosotros y la Madre de Dios hecho hombre. Imaginemos a María en esos treinta años de vida oculta de Jesús dandole cariño, cuidando de el, educándolo. Ella guardaba todo en su corazón y tuvo que entender que su maternidad humana pasaba por la prueba del dolor y la aceptación de la misión de su hijo ya anunciada en el momento de la presentación en el templo y cuando perdido para ella y para José lo encontraron con los maestros de la Ley en las cosas de su Padre.
Después ella tuvo que ir asimilando lo que era el anuncio de su muerte y resurrección. Después ahí estará al pie de la cruz para ser ya Madre de todos y acompañando a los apóstoles hasta su Asuncion al cielo.
María ya será para todos ese espejo donde fijarse, esa actitud de la que aprender. Humildad, sencillez, disponibilidad, servicio, atencion y cuidado. A ella recurrimos sabiendo que siempre seremos escuchados.
Miremos también a los pastores que fueron a adorar al Niño tras escuchar sobre El cosas maravillosas y aprendamos de ellos: buscarle atraídos por su mensaje, encontrarse con El y adorarle y glorificarle después anunciando a todos lo que habían visto y oído. La fe es un encuentro personal que se produce tras el anuncio de su Palabra y que nos debe llevar, como a los pastores, a un antes y n después en nuestra vida y al anuncio de lo que hemos vivido para que otros puedan conocerle, amarle y adorarle.
Llenemos nuestro corazón de paz en esta Jornada mundial y pidamos en el año nuevo que llegue a todos los corazones de la humanidad para avanzar en amor, justicia y misericordia.
Un abrazo, Paco
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Palabra del Señor

