Os presentamos dos preciosos testimonios de la Ruta, los de Ana y Alfonso.
<< Porque vale la pena soñar, reinventar lo que crees tan cierto, es la vida como un mar, en continuo movimiento >>
Esta melodía, estribillo de una de las canciones dedicadas a Madre Paula, no deja de resonar en mi mente. Hace tan sólo dos días, volvimos de realizar la Ruta de Madre Paula, una peregrinación que comenzó en Arenys de Mar y culminó en Figueres, concretamente en la casa que fue el palomar donde Madre Paula inició el proyecto que Dios le había encomendado: la formación humano-cristiana de las niñas más desfavorecidas de la época, para que pudieran así tener una educación digna e integral.
Durante los días en los que hemos realizado este recorrido, he podido experimentar distintas emociones. El camino no ha sido fácil. Hemos andado entre 18 y 25 kilómetros diarios en los que el terreno no siempre era llano, aún recuerdo las subidas y bajadas de aquellas escaleras empinadas y algunas de las cuestas que, cuando creías que ya habían terminado, siempre aparecía otra nueva y más dura que la anterior. Pero todo no ha sido esfuerzo. Hemos disfrutado de hermosos paisajes, hemos creado una gran comunidad y hemos podido sentir la presencia del Señor en los pequeños gestos de todos los allí presentes. No olvidaré a esos chicos de 16 y 17 años dispuestos a llevar la mochila de los que no podían continuar llevando peso durante el camino, así como tampoco las palabras de aliento que se intercambiaban unos a otros, la oraciones durante el recorrido y el sonido de nuestros pasos al andar.
Si tengo que expresar con una sola palabra lo que siento en este momento, sería agradecimiento. Agradecimiento a las tres fundaciones por llevar a cabo y hacer real este proyecto; al Colegio por haberme permitido formar parte de él, a mis compañeros, monitores y chicos, que tanta fuerza me han dado durante el camino, a Madre Paula, por haber sido modelo y referente para mí desde mi infancia hasta el día de hoy y, sobre todo, a Dios, que ha querido que viviera esta preciosa experiencia de fe porque como dice la canción << es Él quien te hace crecer, Dios nos quiere realizando sueños >>
Ana I. Márquez
Durante mi peregrinaje no solo he podido ponerme en la piel y los zapatos de nuestra fundadora, sino que he podido compartir esta experiencia de oración con gente de mi misma condición escolapia, y aunque veníamos de distintos lugares de España lo cierto es que todos nos hemos unido bajo una única identidad al seguir a Madre Paula en esta ruta que ella misma recorrió fiel a su ideal.
Para mí ha sido un orgullo formar parte de la primera generación que recorre este camino con el movimiento Escolapias, ha sido una experiencia de fe y convivencia intensas, y me llevo grandes recuerdos de la Escolapia que espero con ansias poder rememorar en próximos encuentros con el movimiento.
Gracias por todo.
Alfonso Pulido Luján
Momentos a recordar. Preciosa experiencia, por dentro y por fuera pic.twitter.com/SD1hlbimfX
— Mª José Mompó (@MompoMerino) July 27, 2017

