Buenas,
comienza la gran semana de Pasión. Una semana para meditar sobre el gran misterio de la pasión y muerte del Señor y sacar conclusiones y enseñanzas para nuestra propia vida. El relato de la pasión y muerte del Señor es toda una catequesis, una lección de vida por el infinito e insondable amor que el Señor nos tiene a cada uno de nosotros. «Y todo esto por mí, y todo esto por mí…» tendríamos que repetirnos ante cada gesto de amor y de perdón a los que lo maltrataban, despreciaban, calumniaban, vejaban, azotaban y lo crucificaban. También nosotros como Judas, le traicionamos cuando llega el momento de dar la cara o le negamos como Pedro «No conozco a ese hombre».
Una buena ocasión para orar ante la cruz, para darme cuenta que nadie me ama como Él, que nadie me comprende y perdona como El y que ante la cruz el Señor me pide que tome la mía y comprenda que hay que abrazar la cruz. Que comprenda que abrazar la cruz es un signo de esperanza, de alegría y no de tristeza porque ya lo hizo todo por mí, porque Él ya le dio sentido al sufrimiento. A pesar de que muchas veces no comprendamos, no veamos, no escuchemos o que muchas veces nos demos la espalda ante los cristos sufrientes de hoy o miremos como espectadores o gritemos contra las personas que podemos ver como enemigas hiriéndolas con nuestras palabras injustas y crueles.
El Señor no nos abandona, ya ha demostrado que todo lo hizo por mí, ya me ha hecho ver que el camino lo tengo delante para ir hacia esa meta de su abrazo eterno, ya me ha hecho ver que mi vida tiene sentido si la doy como Él, si me entrego como Él y si dejo toda mi confianza en el Padre como Él.
Que vivamos estos días con la intensidad que requieren.
Buena Semana Santa

