Buenas,
en este mundo de apariencia, de querer quedar bien, de formalismos o protocolos fríos y sin alma, de cumplimiento (cumplo y miento) externo, de juicios rápidos y falaces, vale la honradez en lo escondido, la motivación sincera, el dar generoso y la humildad y sencillez del corazón.
Este domingo la liturgia en el Evangelio trae dos actitudes, el que da sin compromiso porque le sobra, cree que cumple con ello y desprecia al que da menos pensando además que él ha hecho lo que tenía que hacer y así dejar su mente tranquila y la viuda que da todo lo que tiene y desde lo que le falta y lo pone a disposición del Señor.
Aquí se examinan nuestras actitudes en el dar. Jesus observa esas actitudes y deja claro que lo importante no es la cantidad sino la calidad. Yo puedo dar mucho en lo material pero sin comprometer ni mi persona ni mis intereses ni mi vida. El Señor nos plantea un darnos y un compartir generoso desde lo que somos y no solamente desde lo que tenemos. Dar a cuenta de mi comodidad, mi tiempo y mis apetencias y no planificar mi dar según mi conveniencia en cada momento. Ese dar a cuenta gotas midiendo siempre nuestro tiempo no es un auténtico dar.
El Señor nos lo da todo, nos lo dio con la entrega de su vida y nos lo sigue dando con todo lo que nos aporta cada día, con el amor que nos muestra a través de las personas y los acontecimientos y con la esperanza de darnos la vida plena para siempre. No seamos desagradecidos en el dar…
Se celebra también este domingo el día de la Iglesia diocesana. Somos Iglesia y ella depende de ti y de mi, en lo que hagamos y aportamos. La Iglesia necesita de cada uno de nosotros para crecer y responder a todas las necesidades de sus miembros, las materiales y las espirituales.
Feliz semana y un abrazo, Paco

