Buenas,
este domingo el Evangelio nos presenta una de las parábolas más hermosas y que mejor refleja cómo es Dios Padre. Sin duda que la parábola del hijo pródigo nos refleja ese amor inmenso, entrañable, esa misericordia infinita que tiene Dios con nosotros. Un Padre que por amor respeta la libertad del hijo entregándole su herencia y un Padre que espera cada día la vuelta del hijo, que cada día su mirada se dirige al horizonte para ver si regresa, un Padre que siempre espera, que cree en su arrepentimiento y en el que no cabe ni el reproche, ni mucho menos el castigo, antes al contrario, dice la parábola que lo abraza con entrañas de misericordia, que se alegra infinitamente y celebra un banquete por su regreso, lo viste y le da un anillo (le hace recuperar su dignidad). Esa es la alegría del Señor con cada pecador que se arrepiente, con cada persona que vuelve y le encuentra. Ese es su inmenso perdón,su perdón rehabilitador que da vida y nos devuelve la dignidad y quita la culpa.
Pero la parábola nos invita también a ver en el hijo los derroches que a veces también hacemos nosotros con los dones que se nos dan, con la herencia que se nos entrega. Como muchas veces malgastamos nuestra vida. Pero el hijo es pródigo porque reconoce su error, porque se arrepiente infinitamente, porque decide volver con enorme humildad y es su actitud la que ante el Padre le dignifica. Actitud de humildad y arrepentimiento que el Padre sabe valorar.
Y hay un tercer personaje que se nos presenta y con el que podemos identificarnos muchos de nosotros, el hermano mayor. El no entiende el perdón del padre, tiene resentimiento y celos hacia el hermano que ha vuelto. Le reprocha al Padre su actitud y muchos podrían pensar que tiene sus razones para enfadarse o resentirse. Cuantas veces la sociedad reclama castigos duros y cuánto cuesta entender la clemencia confundiéndola con la debilidad. Pero el amor del Padre está por encima de nuestros criterios estrechos. El hermano mayor nos representa a muchos y representa a los que se creen justos y mejores.
Es la parábola de la autoestima, de la misericordia infinita, del amor pleno, del rostro de Dios.
Feli semana y un abrazo, Paco

