El domingo de las Bienaventuranzas 4º TO ciclo A

El domingo de las Bienaventuranzas 4º TO ciclo A

Dichosos….”

Buenas,

el Evangelio de este domingo nos trae el gran programa de Jesús para que seamos verdaderamente felices,dichosos y bienaventurados. Pero para alcanzar esa felicidad son necesarias unas actitudes previas, unos requisitos básicos que pasan por un reconocimiento del inmenso Amor que Dios nos tiene, de su grandeza y poder, del inmenso tesoro que es tenerlo en nuestra vida y nuestro corazón. Solo desde la humildad y el reconocimiento de nuestra fragilidad, de la necesidad que tenemos de su gracia y su Espíritu en nosotros y desde la acogida y escucha interior de su Palabra en la oración y meditación, pueden hacerse realidad en nuestra vida.

Se ha dicho que es un programa que invierte los valores presentes en nuestra sociedad y es cierto que los valores que proponen las Bienaventuranzas van contracorriente con los que vemos presentes en nuestro mundo: frente a la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia, Jesús propone la pobreza de Espíritu, es decir sentirnos necesitados de Dios y tenerlo como nuestra principal meta y seguimiento. Frente a lo invasivo, lo violento, la ley del talión, Jesús propone la mansedumbre, la paciencia. Frente a la insensibilidad, la justificación, la frialdad, Jesús nos propone la sensibilidad y el sentir el dolor de los otros. Frente a los que callan por interés o se muestran pasivos, Jesús propone el hambre y la sed de la justicia y la Misericordia. Frente al rencor o la envidia, Jesús propone la limpieza de corazón y frente al insulto, la crítica fácil y el dañar la fama de otros entre otras razones por la fe o la autenticidad, Jesús propone no hundirse, alegrarse porque nos espera una gran recompensa.

Pidamos al Señor que nos enseñe el camino para que seamos felices, verdaderamente felices porque vivimos los valores de las Bienaventuranzas, que así sea.

Feliz semana y un abrazo, Paco

Evangelio: Mateo (5,1-12)

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor