“Al señor tu Dios, adorarás, y a Él sólo darás culto”
Buenas,
comienza la Cuaresma con esas palabras que se nos dicen a cada uno en particular con nuestro nombre y apellidos en la imposición de la ceniza, «Conviértete y cree en el Evangelio» y la liturgia en este primer domingo de Cuaresma nos recuerda las tentaciones que se nos presentan a lo largo de nuestra vida en cada ser humano: la tentación del poder y el dominio, la tentación de la fama y el prestigio para convencer y la tentación de tener y poseer para adorar otros dioses como el dinero o las posesiones.
Jesús también las tuvo, y no fue en un momento concreto en el que se le apareció el diablo en el desierto (eso es una alegoría), sino a lo largo de toda su vida. A Él también le pudo resultar más fácil una vida cómoda y segura, un reconocimiento de que efectivamente era Dios haciendo cosas extraordinarias para que le beneficiaran delante de los hombres y fuera reconocido como Dios. Seguramente que Él sufriría con la incomprensión de los hombres y que no reconocieran las claves del Reino del Amor que traía o con la dureza de sus corazones.
Jesús eligió otro camino cuyo único y fundamental apoyo era su Padre, nuestro Padre. Jesús nos presenta un camino de Amor y salvación, de liberación del pecado, de la debilidad a la que los seres humanos estamos sometidos. La Cuaresma es un camino que culmina en la Pascua. Es grande lo que nos espera pero tenemos que pasar por el camino de Jesús alimentándonos de su Palabra en la oración, ayunando de todas aquellas cosas que nos esclavizan e impiden ser lo que estamos llamados a ser, y siendo misericordia y entrega de amor para los otros.
Feliz Cuaresma, feliz nueva oportunidad que el Señor nos brinda para desprendernos de lo viejo, para nacer de nuevo, para recrearnos en su gracia y su salvación.
Que así sea.
Un abrazo, Paco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Palabra del Señor

