El domingo de la mirada humilde 30º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

El domingo de la mirada humilde 30º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

Este domingo la liturgia da un palo a nuestra buena conciencia, a nuestra actitud de suficiencia por pensar que las cosas las vamos haciendo bien. Creo que el cristiano que tranquiliza su conciencia y cree que todo va bien, se equivoca. La psicología puede ayudarnos a desenmascarar nuestro yo ciego, nuestro yo oculto y nuestro yo desconocido. Lo peor que nos puede suceder, es no ver nuestros fallos y límites. Debemos estar alerta de dos amenazas: la primera es perder la esperanza y pensar que nunca va a alcanzar la meta, que no tengo remedio o todo es negativo. La segunda, no menos peligrosa, es pensar que ya he llegado a donde Dios quiere. Las dos situaciones son igualmente nocivas. Ambas producen un estancamiento en el camino espiritual y el crecimiento en la fe.

Si vivimos en la verdad, reconociendo nuestros propios límites, sabiendo que no estamos terminados, tendremos siempre la alternativa del crecimiento; podremos avanzar siempre más adelante. Cuando acogemos nuestra frágil humanidad, en toda su complejidad de luces y sombras, y somos conscientes de nuestros defectos, comienza en ese mismo momento a generarse el proceso de la sanación interior. Porque todo “El que se ensalce, será humillado y el que se humilla será ensalzado”. Que podamos decir como el publicano: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’.

Es mucho mejor, sentirnos en camino, incompletos, con muchas cosas por mejorar; sabernos necesitados de Dios y de su gracia; sabernos en construcción. ¿Te cuesta reconocer tus defectos? ¿Te sientes necesitado de Dios?
Señor, ayúdame para evitar los dos extremos: pensar que no sirvo para nada, que soy un desastre y todo lo hago mal o pensar que no necesito cambiar nada, que estoy bien como estoy. Dame Señor el equilibrio de sentirme necesitado de ti y a la vez valioso por el amor que me tienes. Enséñanos Señor a mirar a los demás como Tu los miras. Ayúdame a reconocer mis errores, debilidades y sentirme siempre, siempre, necesitado de Ti.

Pidamos por nuestros jóvenes que han peregrinado a Guadalupe. Que descubran Señor el verdadero sentido de la vida y ésta quede transformada con el toque de tu gracia para que sean lo que Tu soñaste para cada uno. Que María sea modelo para sus vidas.
Feliz semana y un abrazo, Paco