Buenas, tras la fiesta de noche vieja y cuando ya miramos el nuevo año que acaba de comenzar con renovados deseos, este domingo la liturgia pone su mirada en María. Y asistimos a una de las solemnidades más importantes de María, en este caso como Madre de Dios. Esta fiesta junto con la Asunción y la Inmaculada es la gran celebración de María.
El gran misterio de esa maternidad eleva a María como madre de todos nosotros y la Madre de Dios hecho hombre. Imaginemos a María en esos treinta años de vida oculta de Jesús dandole cariño, cuidando de el, educándolo. Ella guardaba todo en su corazón y tuvo que entender que su maternidad humana pasaba por la prueba del dolor y la aceptación de la misión de su hijo ya anunciada en el momento de la presentación en el templo y cuando perdido para ella y para José lo encontraron con los maestros de la Ley en las cosas de su Padre.
Después ella tuvo que ir asimilando lo que era el anuncio de su muerte y resurrección. Después ahí estará al pie De la Cruz para ser ya Madre de todos y acompañando a los apóstoles hasta su Asuncion al cielo.
María ya será para todos ese espejo donde fijarse, esa actitud de la que aprender. Humildad, sencillez, disponibilidad, servicio, atencion y cuidado.
A ella recurrimos sabiendo que siempre seremos escuchados.
Un abrazo, Paco

