Buenas,
este domingo el evangelio nos enfrenta a nuestra propia realidad interior para escudriñarla y señalar en ella todo lo que es distorsionado, interesado, dañino para mí y los demás, egoísta, soberbio y de rencor. Si no somos capaces de señalar con humildad nuestras incongruencias, nuestras hipocresías y reconocerlas en nosotros, nuestra vida estará sometida al yugo de esos defectos no asimilados ni reconocidos.
Solamente puede dar fruto lo que nace de un corazón sincero y humilde, que saca la viga de su ojo, que no juzga ni condena y deja brotar la bondad atesorada en el corazón desde lo mejor de uno mismo que Dios ha puesto en nuestro corazón. Nuestros gestos y palabras, nuestras acciones son las que delatan nuestro interior. Nuestro interior será recto desde la oración, la apertura a la Palabra, desde el dejarnos empapar por ella y por lo bueno que pueden enseñarnos también los demás. Solo así nuestra mirada será limpia para no juzgar y saber ver en los demás lo bueno y de lo que podamos aprender.
Nuestras palabras y nuestras acciones nos dirán verdaderamente quienes somos. Ellas darán testimonio de nuestra realidad interior porque «lo que rebosa del corazón lo habla la boca»
Pidamos al Señor que nos ayude a reconocer nuestra debilidad, a aceptarla para poder cambiarla y a sacar de nuestro interior toda la belleza y bondad que Él ha puesto.
Feliz semana y un abrazo, Paco

