Buenas,
el Evangelio de este domingo retrata el hombre contemporáneo, o sea cada uno de nosotros. En nosotros se dan dos influencias claras: una que trae nuestro ambiente y que nos llena de atractivas ofertas de bienes materiales, lujo, comodidades, etc y nos infunde la idea de que se es feliz con ello y que nos hace poner nuestras miras en trabajar y vivir para conseguir cosas y experiencias materiales. Eso potencia en nosotros la avaricia, la codicia, la gula, la ambición material y “a vivir que son dos días…”.
La otra influencia y que se convierte en tendencia, nace de nuestro interior y son aquellas inclinaciones torcidas y egoístas de acumular y poseer, dominar y aparentar, de poder…vanidad de vanidades..Las consecuencias de ello son la sequedad espiritual, el vacío interior, la insatisfacción personal, en definitiva la infelicidad permanente y la sensación continua del querer cada vez más en una espiral interminable. Consecuencia es también la progresiva insensibilidad hacia las necesidades de otros y la utilización de los demás para nuestro propio fin interesado. En definitiva, la ruptura con nosotros mismos, con los demás y con Dios.
Es un domingo para examinar esos influjos y tendencias en cada uno de nosotros y para no convertirnos en juguete ambiental o de nuestras propias inclinaciones torcidas.
Ojalá nos demos cuenta de qué tipo de pobreza nos regala Jesús para que seamos verdaderamente ricos.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

