El domingo de la misericordia 24 TO C

El domingo de la misericordia 24 TO C

Buenas,
este domingo la liturgia nos trae el Evangelio que anuncia las parábolas de la misericordia: oveja perdida, dracma perdido y sobre todo la parábola del hijo pródigo. Faltarían palabras para profundizar con todo su sentido en estas parábolas y sobre todo para definir como es el corazón de Dios. También llama la atención la secuencia de las lecturas de los últimos domingos donde se nos hablaba de exigencia: puerta estrecha y también de las actitudes necesarias para el seguimiento.
En las parábolas de la misericordia nos encontramos a un Dios que nos busca, nos espera pacientemente, confía en nosotros y está a la espera de que salgamos en su búsqueda para encontrarse con nosotros y abrazarnos. Para entregarnos su infinita misericordia, su perdón y su preocupación por la vida de sus hijos, de cada uno de nosotros. En la oveja perdida, que puede simbolizar el alejamiento de Dios de nuestra vida o el camino equivocado que podemos tomar con nuestras decisiones equivocadas o en el abandono de lo mejor de nosotros, en nuestras carencias, defectos y pecados, Dios sale en nuestra búsqueda, nos echa sobre sus hombros y comenzamos a ser los más importantes. Si en nuestro mundo, al que se aleja se le desprecia, se le termina marginando o discriminando, para Dios ese alejamiento es sinónimo de principal preocupación.
En el dracma perdido da igual el valor de la moneda, no se busca la que más vale, sino simplemente la que se pierde. En nuestro mundo probablemente se buscaría siempre la de más valor y se desecharía la búsqueda de la de menos valor. En los valores del Reino da igual el valor o es de más valor la que menos vale para el nuestro, de ahí la preocupación permanente de Jesus por los pecadores, pobres o marginados.
Y qué decir del hijo pródigo, faltan las palabras para imaginar la ternura de Dios frente al hijo que arrepentido, regresa. Un Padre que abraza tiernamente a su hijo con amor entrañable, que le espera cada día, que celebra una fiesta y se pone las mejores galas después de lo que el hijo le había hecho.
Que seamos misericordiosos con los demás como lo es el Señor con nosotros, que nuestro corazón disculpe y perdone siempre, que sea compasivo y se preocupe como lo hace el Señor por cada una de sus criaturas. Ayúdame Señor a ser como tú, a amar como tú, a preocuparme por los seres humanos como lo haces Tú.
Feliz semana y un abrazo, Paco