Buenas,
el Evangelio de este domingo pone un orden en nuestra jerarquía y escala de valores: lo primero es cumplir la voluntad del Señor con todo lo que esto implica, esa debe ser la opción fundamental en nuestra vida.
La familia está llamada a la apertura del Amor De Dios, a ser signo de salvación para sus componentes pero no es un absoluto si se vuelve de espaldas al plan de Dios, antes está el Reino De Dios y su justicia. Lo decisivo está en esa familia que tenemos que construir entre todos como hijos de un mismo Padre. De ahí esas palabras de Jesús que tenemos que entender: “el que quiere a su hijo/a más que a mí, no es digno de mí”. La familia no puede ser obstáculo a la libertad de los hijos de Dios y está llamada a ser escuela y comunidad de vida y amor. Estamos llamados a formar familia allí donde estemos con lazos de unión y hermandad.
Coger la cruz y seguirle forma también parte de ese plan. Decía Ortega y Gasset que “yo soy yo y mis circunstancias y si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Estamos comprometidos con nuestra realidad, la que nos haya tocado, para lo bueno y para lo malo, pero sabiendo que mis cruces me llevan a Él también.
Servir un vaso de agua: acoger al hermano, dar lo que somos y tenemos y servirle.
“El que hallare su vida la perderá, y el que perdiere su vida a causa de mí, la hallará” Mirarnos a nosotros o mirar a los demás, poner por delante mis necesidades y comodidades o las de los demás, pensar en los demás antes que en mí. Todo esto choca frontalmente con la escala de valores de nuestro mundo. No mirar mi ego y saber y entender dónde está lo verdaderamente importante.
Firmes exigencias las del Evangelio de este domingo que nos deben obligar a mirar dónde ponemos nuestras prioridades.
Feliz semana.
Un abrazo, Paco
el Evangelio de este domingo pone un orden en nuestra jerarquía y escala de valores: lo primero es cumplir la voluntad del Señor con todo lo que esto implica, esa debe ser la opción fundamental en nuestra vida.
La familia está llamada a la apertura del Amor De Dios, a ser signo de salvación para sus componentes pero no es un absoluto si se vuelve de espaldas al plan de Dios, antes está el Reino De Dios y su justicia. Lo decisivo está en esa familia que tenemos que construir entre todos como hijos de un mismo Padre. De ahí esas palabras de Jesús que tenemos que entender: “el que quiere a su hijo/a más que a mí, no es digno de mí”. La familia no puede ser obstáculo a la libertad de los hijos de Dios y está llamada a ser escuela y comunidad de vida y amor. Estamos llamados a formar familia allí donde estemos con lazos de unión y hermandad.
Coger la cruz y seguirle forma también parte de ese plan. Decía Ortega y Gasset que “yo soy yo y mis circunstancias y si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Estamos comprometidos con nuestra realidad, la que nos haya tocado, para lo bueno y para lo malo, pero sabiendo que mis cruces me llevan a Él también.
Servir un vaso de agua: acoger al hermano, dar lo que somos y tenemos y servirle.
“El que hallare su vida la perderá, y el que perdiere su vida a causa de mí, la hallará” Mirarnos a nosotros o mirar a los demás, poner por delante mis necesidades y comodidades o las de los demás, pensar en los demás antes que en mí. Todo esto choca frontalmente con la escala de valores de nuestro mundo. No mirar mi ego y saber y entender dónde está lo verdaderamente importante.
Firmes exigencias las del Evangelio de este domingo que nos deben obligar a mirar dónde ponemos nuestras prioridades.
Feliz semana.
Un abrazo, Paco

