Al principio cuando entré a formar parte de grupos Cordare lo consideraba plena inercia. Desde secundaria vimos a nuestros amigos apuntarse a esos famosos grupos de confirmación en el colegio y así lo hicimos nosotros también. Pues sí, puede ser que comenzase por inercia, pero ha tenido que haber una fuerza mayor que me empuje a estar aquí hoy, diciéndole sí a Dios y a sus valores. A lo mejor algunos de nosotros aún no estemos del todo seguros, pero como me dijo mi abuela una vez: ‘decirle que sí a Dios sin poder verlo no es más que un pleno acto de valentía’. Tal vez sea eso, hemos llegado aquí por valentía, por no saber a lo que nos enfrentamos, pero querer continuar para ver más allá, siguiendo esa luz que brilla hoy aquí, aun estando fuera todo oscuro con esta situación.
Por suerte, no sólo me enseñaron la teoría de los valores cristianos en casa y en el colegio desde pequeña, sino que he seguido viendo esos valores en personas que han decidido permanecer en mi ‘A dónde ir’. Y si hoy estoy aquí es gracias a mis padres, que me han enseñado el valor del esfuerzo día tras día, mis abuelos, que siempre han puesto en práctica el Evangelio en cada pequeña pero gran acción, a mis catequistas Isa y Fran y sobre todo por mis padrinos, Marina y José David, que han sido el foco más intenso de luz que irradió mi vida cuando me encontraba en plena oscuridad.
Confirmarse no es fácil, sinceramente a veces me invade ese miedo a la incertidumbre, no es sencillo decir que sí a algo que siempre me han contado, pero jamás he visto. Como dice mi grupo favorito: ‘Algunos tenemos fe’. Pues sí, tengo fe en estar haciendo lo correcto hoy, entregándome a esos valores que la iglesia nos muestra, valores humanos básicos en nuestra formación no sólo como cristianos, sino como personas que esperan encontrarse y descubrirse a sí mismas algún día.
No voy a negar que a día de hoy sigo dudando de mi fe en Dios en numerosas ocasiones, pero intento resolver esas dudas por todos los medios. A veces no logro disiparlas, pero supongo que eso quiere decir que no soy indiferente a la decisión que hoy voy a tomar, que me importa y estoy aquí aun sabiendo que las dudas jamás cesarán del todo.
Esto no es un final, es un comienzo al que no ha sido fácil llegar, y más en estas circunstancias. Después de toda una vida de búsqueda, aún no puedo decir que le haya encontrado todo el significado a la palabra Dios, sin embargo, sí he visto los efectos de su presencia a mi alrededor. Estoy aquí hoy para ver que aún quedan rayitos de luz a los que aferrarme cuando parece que todo va mal, rayitos de fe y esperanza. Rayitos que son personas en las que vemos a Dios, personas que son otra razón para seguir viviendo, que nos hacen estar seguros de la existencia de ese amor que Dios nos da cada día. Porque si a alguna conclusión he llegado en estos años es que Dios está en nuestro prójimo, y por ello no puedo negar que hoy está aquí entre todos nosotros, porque se palpa el amor, el que dicen que es el motor del mundo, el que nos ha traído a estar todos juntos hoy aquí. Y como dijo San Juan de la Cruz, ‘Al atardecer de la vida nos examinarán del amor’. Por todo ello mi respuesta es sí, estoy dispuesta a entregarme a los valores de Cristo y quiero que me acompañe en mi » a dónde ir».

