Qué rápido pasa el tiempo pero qué alegría da recordarlo cuando se aprovecha tan bien. Eso es lo que se nos pasa por la cabeza cada vez que estamos con nuestros niños y queremos contaros por qué.
Nuestro grupo de 2º de Bachillerato se encuentra a las puertas de la Confirmación y, con este año tan atípico y difícil, no fuimos conscientes de ello hasta la semana pasada cuando estuvimos preparando la sesión. “Oye, que quedan muy pocas sesiones, ¡que nos queda solo un mes!” Y es que la meta está cada vez más cerca, los niños más ilusionados y nosotras más orgullosas de verlos crecer y llegar hasta ahí.
Pero no solo nosotras, como sus catequistas, sino también sus familias, pieza fundamental en el camino de la fe de sus hijos. Aunque la Confirmación es un paso voluntario que cada uno decide dar, contar con el apoyo de tu familia para darlo, lo hace más especial e importante aún. Te sientes acompañado por las personas que te han ido guiando durante toda tu vida hasta este momento en el que, por ti mismo, vas a decir “Sí” a Dios.
Y eso queríamos recordarles a nuestros chicos, que sus padres, aunque a veces no se den cuentan, los apoyan en esta decisión de seguir el camino de la fe. ¿Cómo lo hicimos? De una forma que ellos no esperaron: a través de la sesión del Bautismo. Los catequistas del nivel de 2º de Bachillerato decidimos ponernos en contacto con los padres de cada uno de nuestros chicos para que nos mandaran una foto del día del Bautismo de su hijo y un pequeño texto donde expresaran lo que supuso para ellos, como padres, ese día tan especial.
Qué bonito fue conocer ese momento de sus vidas, ver la implicación de las familias y, sobre todo, verles las caras a ellos, nuestros niños. Leer cada dedicatoria, ver cada foto de bebés y compartirlo con todo el grupo fue algo tan íntimo y especial. Sin duda, somos unos afortunados por haber nacido en una familia que nos ha regalado el pertenecer a la comunidad cristiana y que nos han enseñado a vivir en ella.
Ahora son ellos los que tienen que ir regando esa fe día tras día para que no se pierda, pero siendo conscientes de que no están solos en ese camino. Dios por supuesto que nunca los va a dejar pero tampoco sus familias que, al igual que fueron los primeros que los acompañaron en sus primeros pasos como católicos, lo seguirán haciendo en todos los demás con la misma emoción, ilusión y orgullo.


