Buenas,
Cristo vive, ha resucitado!! Este es el grito fundamental en nuestra fe, este es el grito de la esperanza, del sentido y la vida plena. Pero cuánto les costó a los discípulos comprenderlo, cuánta falta de fe tuvieron hasta que lo vieron con sus ojos o lo tocaron con sus manos como Tomas. Y lo mismo nos ocurre a nosotros porque si estuviéramos convencidos de verdad, no se tambalearía nuestra fe ante los primeros vientos o tempestades de nuestra vida, no nos olvidaríamos tanto de Él cuando nuestra vida camina de espaldas a sus designios o voluntad en nuestra vida o cuando nuestros hechos no hablan en coherencia de nuestra fe.
Creer en la Resurrección no es un acto de verdadera fe si no toca los cimientos de nuestra vida para transformarla y hacerla como Dios quiere.
Ya podemos decir gracias a Jesus que cada uno de nosotros somos Pascua, que nuestra vida ha adquirido el inmenso valor de la eternidad, que somos hechos a imagen y semejanza de Dios y que en nosotros vive un germen de vida plena. Pero todo eso solamente se hará realidad si nosotros estamos dispuestos a fiarnos de verdad de Jesus y poner toda nuestra vida en sus manos. O la dirijo yo desde mi voluntad y subjetividad o la dirige Él abriéndonos a su gracia y con una fe dispuesta a todo.
Anticipemos la Pascua en nuestra vida viviendo con plenitud cada minuto y segundo y procurando la alegría y el amor a los que nos rodean. Que se note para que otros puedan vivirla y seamos pedacitos de Pascua también para ellos.
Un abrazo, Paco
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Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):
EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor

