El domingo de la respuesta comprometida 21 TO ciclo B

El domingo de la respuesta comprometida 21 TO ciclo B

 

También vosotros queréis marcharos ?”

Buenas,
este domingo la liturgia nos trae las dos posturas con las que se enfrentaban los discípulos de Jesus: el miedo al compromiso o la exigencia que supone el seguimiento de Jesus. Ignoraban los que se alejaban que nada ni nadie puede llenar y completar sus vidas. Que quien confía, recibe un Espíritu que le asiste, consuela, fortalece y le hace crecer la fe.
También nosotros estamos tentados al alejamiento de Jesus cuando permitimos que la duda nos invada, cuando nuestros miedos nos paralizan, cuando la tibieza, la comodidad, la pereza o la desgana hacen de nuestra vida algo mediocre. O mirando nuestra debilidad, nuestro interior, nuestros sueños de eternidad, nuestra sed interior, nuestra hambre espiritual, podemos reconocerle y decirle desde el corazón: «Te necesitamos Señor, que podemos hacer sin Ti, adonde iremos sin Ti…», solamente Tú tienes palabras de vida eterna.
Por eso, en este domingo, te volvemos a decir que Si, que contigo hasta la eternidad, que sin Ti nada somos y que estamos dispuestos a responder a tus llamadas y exigencias.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

Lectura del santo Evangelio según San Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».