El domingo de la lámpara encendida 32º TO ciclo A

El domingo de la lámpara encendida 32º TO ciclo A

 

“Velad, porque no sabéis el día ni la hora”

Buenas,

este domingo la liturgia nos habla de preparación, de estar despiertos y velad porque no sabemos el día ni la hora.

Y surge enseguida la duda, ¿estoy preparado y tengo mi lámpara llena de aceite? Si el Señor me llamara ya a su presencia, ¿qué le ofrezco, qué cosas quedan aún pendientes de hacer? Porqué no he acometido esos asuntos pendientes? ¿A qué estoy esperando? Examino mi actitud ante los demás, examino mi amor por los otros, mi compartir y servicio, examino mi sentir hacia El. ¿Estoy alerta a lo que el Señor quiere de mí?

Si, antes de que sea tarde, demasiado tarde, ayúdame Señor a encender mi lámpara, a crear un cielo en la tierra, a colaborar en tu Reino, a no soñar quimeras sino a hacer realidades. Ayúdame a entender que está en mi mano, que de mí dependen y no de otros demasiadas cosas. Que no valen los lamentos…

Que mi lámpara esté siempre encendida.

Feliz semana y un abrazo,

Paco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor