En el jubileo de los catequistas, el papa León XIV ha dicho que los “catequistas sois esos discípulos de Jesús que se convierten en sus testigos”. “El catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida. Por eso los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos enseñaron a hablar. Así como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza allí donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa”, añadió.
A través de sus testimonio, prosiguió, “los catequistas nos acompañan en la fe compartiendo un camino constante”, una “dinámica que involucra a toda la Iglesia” en el conocimiento y anuncio de la Palabra.
Una tarea en la que cuentan con el Catecismo que es, explicó el Papa, “el ‘instrumento de viaje’ que nos protege del individualismo y las discordias, porque confirma la fe de toda la Iglesia católica”.
Así, “los catequistas enseñan, es decir, dejan un signo interior; cuando educamos en la fe no hacemos un adiestramiento, sino que ponemos en el corazón la palabra de vida, para que produzca frutos de vida buena”, añadió a partir de una anécdota de san Agustín.
La homilía concluyó recordando que, “cuando también nosotros estamos tentados por la avaricia y la indiferencia, los muchos Lázaros de hoy nos recuerdan la palabra de Jesús, convirtiéndose para nosotros en una catequesis aún más eficaz en este Jubileo, que es para todos un tiempo de conversión y de perdón, de compromiso por la justicia y de búsqueda sincera de la paz”

