“Levántate, vete; tú fe te ha salvado”
Buenas,
La liturgia de este domingo nos pone sobre la mesa dos actitudes fundamentales como son la fe-confianza y la gratitud. Destacar en primer lugar que sin fe no son posibles los milagros, “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”. En el Evangelio siempre la fe, salva y posibilita el milagro, el cambio. Pero esa fe tiene que ser constante, insistente, sabiendo que el Señor siempre escucha. En segundo lugar, el agradecimiento. Dice el refrán que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Qué pena cuando no valoramos lo que nos dan, cuando no agradecemos todo lo que nos hacen. Nos creemos con derecho a todo, que nos lo merecemos todo y no brota de nuestro corazón ese agradecimiento. A pesar de haberse obrado el milagro, solamente uno de los leprosos regresó para dar gracias.
Y no podemos olvidar que en el Señor todo es don, gratuidad, nos lo da todo. Pero es necesario acudir a Él, reconociendo nuestro pecado y nuestras heridas. El siempre cura, sana por dentro y por fuera, limpia y purifica, nos hace nuevos, nos libera. Por Él y en Él estamos salvados, pero es necesaria la fe, la respuesta a su gesto de salvación porque sin ella jamás le reconoceremos en nuestra vida, jamás podremos agradecer todo lo que nos da y sobre todo, jamás entenderemos y sentiremos la grandeza de la vida con Él. Y nadie como María para servirnos de referencia en esa gratitud, en esa acción de gracias, en esa escucha de la Palabra y en esa Fe y confianza sin medida hacia la acción de Dios en Ella,
¿Soy agradecido con lo que me dan, con lo que tengo, con lo que soy, doy las gracias? ¿Pido al Señor con verdadera fe?
Señor, ayúdame a ser agradecido y valorar, quiero aumentar mi fe para reconocerte y servirte, para ver mi pobreza y confiar, confiar siempre en Ti para sanar mis heridas. Quiero Maria que me ayudes, que seas mi referencia de Fe. Ayúdame María a escuchar y meditar y vivir la Palabra como Tu, a confiar como Tu.
Feliz semana y un abrazo, Paco
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19
Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor

