“Hemos visto al Señor”
Buenas,
este domingo la liturgia nos sitúa ante el tema de la fe. La fe no es creencia ni ideología. La fe parte como respuesta de un acto de amor que Jesús ha tenido con cada uno de nosotros. La fe es vivir la experiencia del Resucitado en tu vida, verlo en tu historia de vida, en los acontecimientos que a lo largo de la misma te han sucedido y en las personas que con su amor hacia ti y hacia mí, nos muestran una parte del gran e inmenso amor que el Señor tiene por cada uno de nosotros.
Fe es también escuchar su Palabra y confiar en la transformación que esa Palabra puede hacer en tu vida si te abres a ella, si abres tu corazón dejándote tocar por Dios. Fe es reconocer nuestra debilidad y saber que necesitamos de Él pese a la autosuficiencia que nuestro mundo quiere transmitirnos.
Tomás nos representa a cada uno. Es la demostración de la falta de confianza que tenemos, en la ceguera que mostramos frente a las manifestaciones de Dios en nuestra vida. No ver al Resucitado, no creer en Él es la gran miopía a la que nos lleva la duda, al alejamiento de Dios. Creer no es ver tangible una cosa por nuestros ojos.»Dichosos lo que creen sin haber visto» dice el Señor. A pesar de que algunos aún viendo el milagro no se dan cuenta de Él.
Ojalá esas palabras sentidas de Tomás, «Señor mío y Dios mío» calen en nuestro corazón. Que desde lo más hondo de nosotros también salgan como reconocimiento de nuestra falta de fe y de confianza. Que la desconfianza y la duda no se adueñen de nuestra vida, que esta situación dramática que vivimos nos enseñe a confiar, a tener la fe de que todo esto pasara y también que esto nos enseñará a ser mejores, y a reconocernos más frágiles y por ende más humildes y necesitados de su misericordia.
Ojalá creamos sin haber visto. Ojalá viva en nosotros esa certeza del amor de Dios reconocido y agradecido en nuestra vida.
Que así sea.
Feliz octava de Pascua, Paco
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor

