El domingo de la Fe que abre puertas 20º TO ciclo A

El domingo de la Fe que abre puertas 20º TO ciclo A

Mujer, qué grande es tu fe”

Buenas,

este domingo la liturgia nos trae la fe de la mujer cananea para mostrarnos que la fe cuando es profunda y sincera, abre todas las puertas. En la mujer cananea encontramos la insistencia, la perseverancia, la confianza absoluta en el Señor, incluso cuando todas las condiciones parecen contrarias.  La Palabra de Dios que hoy escucharemos nos recuerda que el don de la salvación está abierto a todas las personas que se abren al Dios de la vida. Por eso, ni Israel ni nadie de nosotros tenemos “la exclusiva” de la salvación. Dios la ofrece a todos . Así nos lo presentará el mensaje evangélico de hoy, como también el resto de las lecturas de este domingo.
Jesús nos descubrirá que es la FE la que abre todas las puertas. Aquella mujer pagana del evangelio, con su insistencia, nos muestra que esa es la clave de la nueva situación. Nosotros también, somos invitados por el mismo Señor Jesús a acoger el don del Padre, acogiéndole a Él mismo.  Jesús alabará la fe de la mujer cananea, mujer que no pertenece a Israel, el pueblo de la promesa y que demuestra con este gesto que no hay distinción de pueblos y personas y que lo que cuenta es la fe y la búsqueda del Señor. El Señor reconocerá en ella su sencillez y humildad y la alabará por ello. Es un Evangelio que nos invita a examinar nuestra fe y comprobar con qué insistencia y confianza acudimos al Señor, qué es lo que nos mueve cuando acudimos a Él. Ver si acudimos con sencillez, humildad y pequeñez.

Pidamos este domingo al Señor que nos aumente la fe: «Señor yo creo, pero aumenta mi fe». Pidamos que nos ayude a abrir nuestro corazón de par en par a su mensaje y que descubramos que nos llama a cada uno para seguirle y amar como Él lo hace.

Feliz semana y un abrazo, Paco

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».

Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor