“¿No debías tú también tener compasión?”
Buenas,
si hay una actitud que define el estilo de vida del cristiano es la capacidad de perdonar y pedir perdón. El perdón nace de la misericordia y la compasión, de la ternura y la humildad, en definitiva del amor. Nace de la conciencia de igualdad también porque todos cometemos errores, porque nadie está exento de pecado. Cuántos conflictos y divisiones, cuántas heridas y daños se habrían evitado o habrían sanado gracias al perdón, cuántos problemas se habrían evitado…
En Jesús tenemos el modelo a seguir. El que estaba exento de todo pecado, murió por nosotros perdonando. El que más motivos tenía para reprochar, perdonó a sus enemigos. Jesús nos marca la actitud a seguir. Perdonar setenta veces siete, o sea siempre.
Que no nos pase como al súbdito de la parábola, que después de ser perdonado no fue capaz de perdonar a su deudor por una deuda infinitamente más pequeña.
Señor, no permitas que el rencor anide en mi
corazón, ayúdame siempre a perdonar por más grave que sea la ofensa. Y que no olvide que antes de comulgar, si tengo una afrenta o conflicto con un hermano, deje mi ofrenda en el altar o vaya a reconciliarme con el.
Feliz semana y un abrazo,
Paco
Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Palabra del Señor

