Por eso se hace necesaria esa fe y esa confianza en Él. Más allá de la vida biológica, Jesús viene a darnos la verdadera vida, la que plenifica, la que llena, la que nos hace eternos. Jesús en su inmenso amor por nosotros ha vencido a la muerte. Ya no habrá tristeza pero hace falta ir como Marta al encuentro con ÉL y es preciso, como hace ella, reconocerle en nuestra vida como Señor y Mesías, como Salvador de cada uno de nosotros.
Es preciso entender que viene a traernos la Vida con mayúscula ya desde este momento, desde este mundo. Él lo deja claro, la fe y la confianza plena en Él ya nos transmite una vida nueva, ya nos regenera, ya nos resucita. Todo adquiere un sentido nuevo, y el dolor también. No temamos pues a la muerte y profundicemos en estos días en ese gran misterio de su pasión y muerte hasta dar la vida para que tengamos vida eterna, sabiendo que lo verdaderamente importante es esa Pascua de Resurrección que nos espera.

