Buenas,
la liturgia nos trae este domingo un canto de alegría y esperanza, unas palabras cargadas de paz y reconciliación, de sanación plena. Jesús habla claro, Él es el único que nos trae la verdadera liberación, el único que va a colmar nuestras expectativas y deseos más plenos, el único que puede llenar con plenitud nuestras vidas.
Por eso, no caben las tristezas y desesperanzas, los agobios, los miedos. El horizonte es de plenitud y nos da motivos más que suficientes para estar alegres, para examinar nuestra alegría interior.
Caminamos en este Adviento hacia ese día que hará realidad nuestros sueños y disipará nuestras angustias. La Navidad está cerca. Preparemos nuestro corazón con el pesebre de la sencillez y la humildad, con el árbol de la vida vivida en esa plenitud con las guirnaldas de nuestras sonrisas y gestos de apoyo y comprensión hacia otros.
Vayamos a las tiendas a comprar las semillas de los dones que el Señor quiere que pongamos en práctica para ser sus manos y sus pies y hacer posible la Navidad a otros. Te invito a meditar esta palabra: alegría, estar contento, felicidad… Date cuenta que es parte inseparable del amor, fundamentalmente, del amor cristiano. Mira, por tanto, cuánta alegría hay en tu vida.
Para ello, examina, a la luz del rostro sonriente de Jesús, si:
Si sabes ver el lado bueno de las personas, las cosas, los acontecimientos.
Si sabes expresar cosas buenas y agradables a los demás, y a ti mismo.
Si evitas transmitir angustia, depresión o desánimo; si evitas, en cuanto que es posible, las penas.
Si haces lo posible por encontrar razones para la esperanza, aun en los casos más desesperados.
Si eres presencia serena, pacificadora, cariñosa y misericordiosa… en todos los ambientes que frecuentas al cabo del día.
Si intentas ser maestro de la sonrisa y la risa, la cara amable y alegre.
Si utilizas argumentos cargados de humor y buen temperamento.
si sabes llorar con los que lloran, y llevar siempre listo un pañuelo ‘reconfortante’ para quien lo necesite.
Si eres capaz de hacer propios los éxitos y las alegrías de los otros.
Y, por último, si la fuente de la alegría la llevas dentro, muy dentro, dejándola correr para que los demás la disfruten.
Feliz domingo de la Alegría. Un abrazo, Paco

