Veo pasar un pájaro por la ventana, surcando el cielo, y siento que está cerca de Dios. Me miro a mí misma, a cada uno de nosotros, preparados para salir del nido y echar a volar, preparados para dar ese gran paso en nuestra vida que la cambiará para siempre. Podemos sentir miedo, desconocimiento, pero estamos seguros de que no nos vamos a caer, pues Dios tiene preparadas sus manos para recibirnos y ayudarnos en momentos de flaqueza o debilidad. No es fácil, y nadie dijo que lo fuera, pero estamos tan seguros de que queremos continuar la misión de Cristo que lo demás deja de tener importancia en estos momentos.
El mundo que nos ha tocado vivir es bastante complicado y ser cristiano y reconocerlo aún más. Pero nosotros, valientes en nuestra hazaña, queremos mostrarlo, queremos confirmarlo. Por ello estamos aquí, porque a pesar de los obstáculos, nos hemos dado cuenta de que vivir con y para Dios es lo que buscábamos y ansiamos conseguir, y hoy, todos juntos como amigos y hermanos vamos a lograr, vamos a gritar al mundo que nosotros queremos ser cristianos porque hemos encontrado a Dios en nuestros corazones, porque sabemos que Dios está con nosotros y quiere que estemos con Él.
Nosotros, jóvenes e incansables, sentimos que Dios y la comunidad cristiana nos necesitan más que nunca en esta difícil lucha por los valores, los derechos y la vida para hacer un mundo mejor, basado en la fe, día a día, poco a poco, pero siempre unidos por un mismo propósito: Cristo vivo representado en cada uno de nosotros.
Por todo ello, hoy 22 de abril de 2004, quiero dar las gracias a todos vosotros por seguir este difícil camino conmigo, por todo lo que hemos compartido juntos; gracias también a nuestros catequistas por dedicarnos su tiempo, por darnos sus testimonios de fe, por ser nuestro apoyo durante estos dos años; y, en definitiva, gracias a Ti, Padre, por darnos esta oportunidad de conocerte mejor. (Carmen Llano Pérez de la Lastra)

