Nos sorprendió a todos su partida, pero el Señor tiene designios que nosotros no podemos comprender. Una cosa es clara, cumplió su misión de entrega como escolapia en todos los destinos y responsabilidades por los que pasó y es una alegría comprobar el bien que hizo. Nuestra hasta hace poco, Madre General de las Escolapias, siempre nos obsequió con su sonrisa, su don de gentes y su inmensa simpatía y cariño. Cada vez que vino por el colegio nos regaló su entusiasmo por la tarea de educar y por la pastoral.
¡¡Hasta siempre Madre Divina!!

