Buenas,
Nace Jesús, una vez más. Puede que no lo vivas como novedad, sino así, una vez más, un año más. Sería una pena que fuera así. No, no te quedes en el “una vez más”. Que este año, cada año, sea nuevo su nacimiento.
Nace Jesús y viene todo un caudal de regalos para ti. Porque aparece la bondad de Dios, la ternura de Dios y su misericordia, la generosidad de Dios y su gracia, la paciencia de Dios y su perdón… Y todo esto de una manera inmensa, sin límites, ahora, para ti y para los tuyos. No, no dejes pasar la oportunidad de que sea novedad.
Nace Jesús con una tarea que comienza a vivir desde chiquito, desde su cuna. ¿Puedes descubrirlo? ¿Qué trae este niño que lo hace tan especial? Su programa a lo largo de su vida no será otro que el poner en práctica este amor desbordante. Unas veces será perdonando, otras veces curando, otras veces sirviendo, otras veces intimando, otras veces compartiendo y conviviendo, y siempre, estando ahí, a tu lado, invisible y cercano, respetuoso, como quien no parece estar y, sin embargo, no deja de estar. Siempre entregándose hasta el fin.
Mira a este niño; quédate ahí, contemplándolo. Date cuenta de lo que va a suponer vivirlo y llevarlo contigo. Este niño, ahora, todo ese amor lo concentra en su mirada, dulce y ardiente a la vez. El no puede hablar —demasiado pequeñito—, no puede actuar ni moverse por si mismo, pero su mirada es elocuente, su silencio es elocuente, su impotencia y fragilidad son elocuentes Están expresando un amor sin límites, porque se ha despojado de sí mismo y se ha hecho como tú y como yo. Porque ha abandonado su cielo y se ha metido en nuestra carne, porque se ha acercado hasta aquí desde la debilidad y el respeto, porque viene a compartir esta condición humana que, como bien sabes, cuenta con grandezas y también, con sus miserias. Así es este niño, así de valiente metiéndose en este complejo mundo. ¡Qué manera de venir!
Siente cerca a este niño. Fíjate lo que supone esta inmersión en lo humano, esta «encarnación», esta simpatía y empatía, esta solidaridad afectiva y efectiva. Esto se llama amor. Lo lleva tatuado en su pequeñez. Y añadir que este ser suyo que es amor, y estar contigo, ambas cosas son algo definitivo, para siempre. No es una visita curiosa, una experiencia pasajera. Dios y tú ya sois inseparables para siempre.
Míralo. Siente este amor humano de Dios, con emociones, con pasiones, con ansias, con alegrías, con lágrimas, con palabras, con miradas, con enfados, con rabia, con celo; con dudas, con paz, con agradecimiento, con tormento, con éxtasis, con dolor, con esperas, con añoranzas, con simpatía, con cercanía, con intimidad, con generosidad, con entregas. Así y de muchas maneras más, es la novedad de este niño, llamado Jesús. Felicidades.
(Javier Ruiz Seiquer)
¡¡FELIZ NAVIDAD!!
Un abrazo, Paco

