Viernes Santo: el abrazo de la Cruz, ciclo B

Viernes Santo: el abrazo de la Cruz, ciclo B

 

Buenas,
hoy es un día de silencio y contemplación, un día para mirar la cruz y buscar en ella todas las claves del misterio de Cristo y de la vida, de la nuestra y de la que nos espera. Hoy es un día para sentir que Dios me abraza, que le da sentido a mis pequeñas cruces diarias, a mis heridas ya curadas por Él. Hoy me pone delante la soledad y el vacío que a veces la vida trae cuando aparentemente no se obtiene nada tras la entrega generosa o el amor derramado o cuando llega la cruz inesperadamente. Pero en ella Cristo me hace ver y contemplar otras cruces de cristos sufrientes de tantos y tantos excluidos que sufren, de tanta sangre derramada o de tanto cristiano perseguido. Y entonces me hace ver que la clave es la entrega, el dar la vida por otros y para otros, y la aceptación confiada y esperanzada del dolor y el sufrimiento.
Sí, porque la cruz es un inmenso abrazo que sella mi corazón y me infunde un nuevo rostro y una nueva vida. Es el paso necesario para que me encuentre con la verdadera vida. Es la llave, la puerta de entrada y la clave de todas las claves y el signo salvador de todos los signos posibles.
En la cruz todo queda cumplido para que a partir de ahora mi vida sea bajar de la cruz a tantos crucificados injustos, evitar cruces innecesarias, sanar heridas y abrazar como lo hacía Jesús dando el amor hasta el extremo.
Un abrazo, Paco

Jn 18,1-19,42. Solemos ver la cruz como sinónimo de sufrimiento, pero hoy queremos proponer otra visión, te animamos a ver la cruz como la consecuencia de haber llevado una vida coherente con el proyecto de Dios. La cruz como el final de una vida vivida a favor de los últimos, tal y como hizo Jesús. Os dejamos como ejemplo la vida de algunas personas que se han jugado la vida por ser consecuentes con el proyecto de Dios en favor de los demás. Lo que nos salva es el amor de Dios, lo que nos anima a vivir de forma coherente y entregada a dios en los demás. Una cruz liberadora y salvadora.

Lectura del libro de Isaías (52,13–53,12):
Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor. Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Palabra De Dios