El domingo de la Purificación 6º T. ordinario ciclo B

El domingo de la Purificación 6º T. ordinario ciclo B

“Quiero, queda limpio”

Buenas,
este domingo la liturgia sigue mostrándonos el corazón misericordioso y sanador de Jesús, su preocupación por los que sufren y los despreciados de la sociedad. Este domingo lo hace curando a un leproso. “Si quieres, puedes limpiarme” le pide el leproso. Y Jesús le dice que quiere, que es su voluntad sanar por dentro y por fuera, en nuestras enfermedades pero también en nuestras miserias y heridas. Yo también necesito acercarme a Jesús para que me sane, me limpie y escuche. Jesús toca con sus manos al leproso y no rehuye ese contacto humano que consuela mostrando su inmenso amor.
¿Qué necesito que el Señor limpie y sane en mí?
Y yo, ¿estoy dispuesto a tener los mismos sentimientos que Cristo? ¿Estoy dispuesto a acoger a los leprosos de hoy?

Vivimos en una sociedad en blanco y negro que demasiadas veces no admite matices, ni color. La sociedad de Jesús también era así, con multitud de etiquetas que te colocaban dentro o fuera de la sociedad y te hacían o no digno de Dios. Hoy las cosas no son tan diferentes. Jesús desprecia las etiquetas, las barreras sociales y las normas que impiden tratar con dignidad a las personas ¿nosotros somos valientes como Él y tocamos la vida del que sufre a pesar de las normas o el qué dirán? ¿o nos acomodamos porque esas reglas que dividen y diferencian quizás nos benefician? El amor de Dios no entiende ni de grises, ni de etiquetas. Es hora de pintar de colores la vida que Él pone en nuestras manos.

ORACIÓN

«Límpiame, Señor, esta lepra que se me pega a la piel, a la entraña, a la memoria. Sana la herida del odio que vuelve enemigo al hermano.Vacía las sacas de codicia que me encadenan a un cofre de espejismos.

Cúrame el miedo a tu Evangelio, cuando es profecía, conflicto o exigencia. Restaura los puentes caídos que me aíslan del Hijo Pródigo, del samaritano golpeado, del huérfano o de la viuda.
Libérame del ruido que llena mis días de promesas postizas.
Toca estas llagas que sólo Tú ves, Señor.
Abraza las noches oscuras del alma, y enciende con tu fuego, los parajes helados de dentro. Si quieres, puedes». (José María R.Olaizola, sj)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor