El domingo del AMOR entrañable y misericordioso del PADRE 4º Cuaresma ciclo C

El domingo del AMOR entrañable y misericordioso del PADRE 4º Cuaresma ciclo C

“Su Padre lo vio y se conmovió”
Buenas,
este domingo el Evangelio nos presenta una de las parábolas más hermosas y que mejor refleja cómo es Dios Padre. Sin duda que la parábola del hijo pródigo nos refleja ese amor inmenso, entrañable, esa misericordia infinita que tiene Dios con nosotros. Un Padre que por amor respeta la libertad del hijo entregándole su herencia y un Padre que espera cada día la vuelta del hijo, que cada día su mirada se dirige al horizonte para ver si regresa, un Padre que siempre espera, que cree en su arrepentimiento y en el que no cabe ni el reproche, ni mucho menos el castigo, antes al contrario, dice la parábola que lo abraza con entrañas de misericordia, que se alegra infinitamente y celebra un banquete por su regreso, lo viste y le da un anillo (le hace recuperar su dignidad). Esa es la alegría del Señor con cada pecador que se arrepiente, con cada persona que vuelve y le encuentra. Ese es su inmenso perdón,su perdón rehabilitador que da vida y nos devuelve la dignidad y quita la culpa.
Pero la parábola nos invita también a ver en el hijo los derroches que a veces también hacemos nosotros con los dones que se nos dan, con la herencia que se nos entrega. Como muchas veces malgastamos nuestra vida. Pero el hijo es pródigo porque reconoce su error, porque se arrepiente infinitamente, porque decide volver con enorme humildad y es su actitud la que ante el Padre le dignifica. Actitud de humildad y arrepentimiento que el Padre sabe valorar.
Y hay un tercer personaje que se nos presenta y con el que podemos identificarnos muchos de nosotros, el hermano mayor. El no entiende el perdón del padre, tiene resentimiento y celos hacia el hermano que ha vuelto. Le reprocha al Padre su actitud y muchos podrían pensar que tiene sus razones para enfadarse o resentirse. Cuantas veces la sociedad reclama castigos duros y cuánto cuesta entender la clemencia confundiéndola con la debilidad. Pero el amor del Padre está por encima de nuestros criterios estrechos. El hermano mayor nos representa a muchos y representa a los que se creen justos y mejores.
Es la parábola de la autoestima, de la misericordia infinita, del amor pleno, del rostro de Dios.
Feliz semana y un abrazo, Paco

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:

«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. »
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, »
Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo:
«Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»».

Palabra del Señor