“Y el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros”
Buenas,
nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor y el mundo sigue sin enterarse. Nos ha nacido la gran esperanza que colma los deseos profundos de felicidad del corazón y el mundo sigue sin enterarse.Nos ha nacido el único que nos libera de mal que puede habitar en nuestro corazón y en nuestras tendencias torcidas y el mundo sigue sin enterarse. Ha nacido el que contiene la clave con su mensaje y su modelo de vida para que podamos soñar en una humanidad mejor con justicia, paz, sin guerras, sin ambiciones o desigualdades y el mundo sigue sin enterarse.
Lo esperábamos como gran noticia en los medios, como super héroe que llegaba de manera espectacular, como héroe de masas, como….y por ahí no lo hemos encontrado.
Ha llegado en el anonimato, en el lugar más inesperado, sin tener lugar donde nacer y solamente la gente sencilla descubrió la estrella, la gente sencilla y humilde del pueblo personificada en los pastores y la gente con corazón abierto y buscando la Verdad con mayúscula (los magos)
Que nuestro corazón no se equivoque de camino, que nuestro corazón no olvide el gran mensaje que se encierra en la Buena Noticia que conmemoramos y que nuestro corazón lo acoja, le diga que SÍ para siempre y se deje transformar.
FELIZ NAVIDAD a todos los de este grupo de liturgia del domingo, a los cien que recibís simplemente unas reflexiones que hago para compartirlas con vosotros, a todos los que os abrís a que nazcan en vosotros estas reflexiones u otras que os suscite esta Palabra viva que se proclama en la Liturgia de cada domingo o como hoy, en cada solemnidad especial.
Un fuerte abrazo, Paco
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio d él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor

