La emergencia de lo religioso y espiritual en los jóvenes en clave vocacional

La emergencia de lo religioso y espiritual en los jóvenes en clave vocacional

(Paco Ortega Romero. Lcdo Psicología, CC Educación y CC.Religiosas)

¿Porqué se está dando entre los jóvenes actuales una emergencia de lo religioso y espiritual? 

Yo hablaría de dos movimientos: uno de hartazgo, insatisfacción personal  y vacío existencial que ha provocado y está provocando crisis emocionales y de salud mental en los jóvenes y otro de búsqueda de sentido y respuestas que está haciendo emerger el planteamiento de un horizonte personal en clave vocacional y un resurgir de la espiritualidad juvenil. En el primer movimiento aparecen los vacíos personales, las crisis emocionales que viven hoy muchos jóvenes y que ya no llenan las pantallas y las redes sociales vividas como postureo, búsqueda de likes, etc. Consecuencias de este vacío y hartazgo son los problemas de salud mental en los jóvenes con crisis por ideas suicidas, autolesiones y fracasos en las relaciones personales. Hoy asistimos entre los jóvenes a un deseo de uniones y relaciones de amistades verdaderas que no lo satisfacen en las realidades virtuales y la sociedad liquida

En el segundo movimiento surge un replanteo de la vida y lleva al surgimiento de la espiritualidad como búsqueda de una mayor plenitud y felicidad. La dimensión espiritual y la necesidad del Amor está inserta en nuestro ADN y forma parte constitutiva de nuestro ser. Y esa búsqueda de sentido tarde o temprano va a desembocar en la  pregunta vocacional. “Señor, nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustin)

Muchos jóvenes están viendo una Iglesia nueva que les está empezando a dar cabida y protagonismo. Este nuevo empuje eclesial surge especialmente en los papados de San Juan Pablo II y el Papa Francisco y se ha ido materializando en las JMJ y el nuevo camino sinodal para los jóvenes y dentro de la Iglesia. Asimismo las órdenes religiosas y congregaciones especialmente las que tienen entre su carisma la dimensión educativa han comenzado movimientos con jóvenes desde un nuevo enfoque de la pastoral de juventud como es también el caso de las escolapias a través del Movimiento escolapias y del movimiento Cerca Joven.

Es muy importante también el fortalecimiento de la pastoral vocacional donde se facilite esta emergencia de lo espiritual de manera evolutiva según los diversos momentos de adolescencia y juventud. Para ello, una de las claves es la potenciación del acompañamiento donde los propios jóvenes puedan acompañar a otros jóvenes y donde la figura adulta esté presente desde la experiencia para formar y preparar a esos jóvenes en el acompañamiento.

¿Cómo es esta nueva emergencia de lo espiritual en los jóvenes?

Es una espiritualidad que se centra básicamente en la experiencia y que busca no tanto conocer como sentir y vivir la experiencia de Dios. Hoy asistimos por ejemplo en el seno de la Iglesia  a un resurgimiento de la oración, la adoración y la meditación en los jóvenes. Yo particularmente he palpado ese sentido silencio de respeto, amor y adoración en retiros con jóvenes y como el que se palpó con millones de jóvenes en la JMJ de Madrid y que ha tenido continuidad en las posteriores JMJ. También destacaría esa vivencia de la Fe a través de la música católica para jóvenes especialmente en España y Latinoamérica y grupos como Hakuna music y otros y la irrupción de lo espiritual en grandes iconos de la música actual como Rosalía. En el terreno de la Fe observamos una búsqueda de la autenticidad que resalta el testimonio de vida y la transformación y compromiso personal y social. 

En clave vocacional 

Cuando un joven redescubre su dimensión espiritual, la pregunta cambia. Ya no se trata de «¿qué quiero hacer con mi vida?», sino de «¿quién quiero ser para los demás?». Aquí es donde la espiritualidad se vuelve vocacional. Este renacimiento espiritual tiene como pilares la necesidad de escucha y silencio interior, una escucha que invita a la entrega. Un mayor discernimiento donde los jóvenes aprenden a distinguir entre los deseos superficiales y las llamadas profundas del corazón. Y la valentía del Si en una audacia que la propia Fe otorga cuando se vive en profundidad y que lleva a tomar decisiones definitivas en un mundo que rinde culto a lo provisional.

Pero para evitar que esa religiosidad emergente sea fragmentada y subjetiva y para que ese fuego no sea un “fogonazo emocional”, es crucial la figura del acompañante y la de una comunidad que ayude a integrar esa energía en un proyecto de vida sólido. La comunidad cristiana será el lugar donde la vocación se ponga a prueba y se fortalezca. Allí se descubre que la vocación no es un proyecto privado, sino un servicio al cuerpo común. La estructura eclesial permite que el discernimiento vocacional sea un proceso guiado y no un salto al vacío sin red de seguridad. La comunidad permite que los sacramentos actúen como anclas objetivas más allá del estado de ánimo y el compromiso social organizado permite que la caridad sea eficaz y no solo un gesto esporádico.

Para que un joven se comprometa, necesita sentir que su presencia hace una diferencia y que la institución no solo lo espera, sino que lo necesita. Cuando un joven se siente reconocido y protagonista, la pregunta por la vocación surge de forma natural: «Si este es mi lugar y aquí puedo transformar las cosas, ¿qué es lo que Dios quiere que construya desde aquí?» Todo ello debe concretarse en la creación de proyectos con los jóvenes delegando responsabilidades en la planificación pastoral y en la gestión de proyectos y con espacios de escucha sinodal ya iniciados en diferentes lugares. Las parroquias deben ofrecer recursos y espacios a los jóvenes y sobre todo dando confianza a pesar de las equivocaciones o fracasos.

Aprovechemos la “profecía juvenil”, reconozcámosla y escuchémosla. Creemos esa alianza intergeneracional donde se valore la audacia del joven y la experiencia del adulto en un plano de igualdad de dignidad. Creer en el potencial de un joven es la mayor inversión vocacional que una comunidad puede hacer. Es decirle: ‘Dios te llama a ti, hoy, y nosotros estamos aquí para apoyarte y acompañarte.