Buenas,
Pentecostés es la clave, la llave de las puertas y los corazones, el alma de la Iglesia, la fuerza que nos sale ante la dificultad, el impulso al amor y el amor mismo, el corazón que se enternece sin saber porqué, la luz que ilumina la oscuridad de ese momento, la inteligencia que nos hace descubrir el camino adecuado y discernir el correcto. Sin el Espíritu no podríamos hacer nada o mejor dicho haríamos sin norte, sin coherencia, sin paz. Caminaríamos como pollos sin cabeza, perdidos, desorientados, desalmados.
Jesús nos da su paz que nada tiene que ver con la del mundo y nos envía para proclamar a los cuatro vientos que basta con dejar que Dios habite en mí y que no es otra cosa que descubrirle en lo hondo de mi ser, que reconocerle en mi vida, que verle en el semblante de mis seres queridos y mis prójimos.
Hay que dejar fructificar en nosotros esos siete dones. La semilla ya está en cada uno y hay que dejarla crecer y crecer. Todo tiene su tiempo y momento, todo llega, hay que saber esperar. Por eso este domingo clamamos con fuerza : «Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor, envía tu Espíritu para renovar la faz de la tierra»
Feliz fiesta de Pentecostés.
Un abrazo, Paco

