El domingo del Espíritu Santo (PENTECOSTES) ciclo B

El domingo del Espíritu Santo (PENTECOSTES) ciclo B

El domingo del Espíritu Santo (PENTECOSTES) ciclo B

Buenas,
este domingo celebramos al gran valedor, a la fuerza que nos guía, inspira y santifica. Nos llega Dios mismo hecho presencia interior, Dios mismo repartido en los siete dones que nos hacen producir frutos. Frutos de piedad, sabiduría, ciencia, entendimiento, temor De Dios, consejo y fortaleza. Que nos hacen dar testimonio y que engrandecen la Verdad de Dios que lleva a la verdadera plenitud.
El Espíritu nos empuja desde dentro y nos conduce hacia el camino adecuado de Amor, unión, justicia, hermandad, etc. Es Espíritu de Dios derramado en nuestros corazones y quien nos da la capacidad del encuentro y la verdadera relación.
Sin duda, tras la Pascua de Resurrección y Navidad es la tercera gran fiesta. El Señor nos acompañará siempre con su Espíritu, no nos deja solos. El Espíritu Santo se nos transmite de forma especial a través de los Sacramentos como signos de su Espíritu que se hacen presentes en la Iglesia y a la que le dan vida. Qué sería la Iglesia sin el Espíritu. Por eso hoy de forma especial decimos”Ven Espíritu Santo”

ORACIÓN SECUENCIA
Ven Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido, Luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina Luz y enriquecenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tú aliento Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indomito, Guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y damos tu gozo eterno. Amén

Jn 16,12-15. A menudo vivimos como los discípulos del evangelio: “al anochecer”, “Con las puertas cerradas”, “llenos de miedo”, “Temerosos”… No hemos visto ni experimentado al resucitado. La humanidad nueva parece ausente de nuestras vidas. Nuestras comunidades están a veces replegadas, ocultas, sin dar testimonio. Es como si no tuvieran alegría, perdón, paz y vida que trasmitir. Pero hay también experiencias, aún con muchas dificultades, que avanzan descubriendo y viviendo la pasión misionera y el amor ante los que sufren el dolor, la injusticia, la ignorancia, el hambre, el sinsentido. Y se va descubriendo como la plenitud y la realización está en salir de uno mismo y vivir para los demás, junto a otros, en comunidad. Son personas que experimentan al resucitado y se dejan guiar hacia la aventura, la sorpresa, la novedad, la vida… Los sueños se construyen juntos y ya hay mucha gente alrededor trabajando por ello. ¡Súmate! ¡Buen trabajo!

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):
AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les