El domingo de la Fe que cura y transforma 13 TO ciclo B

El domingo de la Fe que cura y transforma 13 TO ciclo B

 

Buenas,
este domingo la liturgia nos trae dos curaciones por la fe, dos situaciones vitales en las que necesitamos consuelo y esperanza. Cuántas veces nos puede atenazar la angustia ante situaciones difíciles, ante aquellas situaciones en las que se nos hace el vacío por dentro fruto del miedo a lo que pueda suceder. Pero Jesús no es indiferente ante nuestra llamada desde la fe, ante nuestro tocarle el manto en medio de la gente cuando todo parece perdido.
Son dos historias las que nos presenta el Evangelio como tantas otras que hoy pueden constatarse en cada uno de nosotros o en otros: la mujer que tenía flujos de sangre y estaba desesperada y la hija de Jairo (no está muerta sino dormida). Talita kum, levántate y anda. Levántate, no te quedes hundido/a o desesperado/a. Conmigo todo lo puedes, nada está perdido. Tu fe te ha curado, tu fe te ha salvado, tu fe te ha impulsado y hecho crecer, tu fe te ha transformado y te ha hecho otra persona.
Ese es el gran privilegio de la fe que nos pone otra mirada, de la fe que ilumina la vida, de la fe que nos hace mejores, de la fe que da un sentido pleno y una respuesta.
Si, la fe es mi respuesta a tus gestos continuos, a tu amor inmenso y a la energía que da tu Espíritu, pero gracias por la fe y hoy te pido Si Señor yo creo, pero aumenta mi fe.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

Santo Evangelio según san Marcos (5,21-43):

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?»»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).»
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor