El domingo de la apertura 23 TO ciclo B

El domingo de la apertura 23 TO ciclo B

El domingo de la apertura 23 TO ciclo B

Buenas,
el Señor todo lo hace bien, «hace oír a los sordos, da vista a los ciegos». Oír y ver, escuchar y mirar de otra manera. Este domingo la liturgia nos habla de apertura, » ábrete «. En la curación del sordo hay todo un simbolismo de la acción de Jesus en nosotros. Si, porque nosotros también estamos sordos a las palabras que no nos interesan, estamos sordos a la Palabra que transforma, sordos al clamor de los que sufren, sordos al misterio que nos rodea. Somos muchas veces seres metidos en nuestro mundo, nuestra rutina o nuestra programación. Hoy el Señor nos pide apertura, que abramos nuestros oídos, que escuchemos, que nos dejemos tocar y sanar por El, que cambiemos nuestra mentalidad cerrada y nos abramos a la sorpresa, a la novedad que El trae y que una y otra vez nos resistimos a ver o escuchar.
También la Palabra nos habla este domingo de esperanza y confianza a través del profeta Isaías. Nos resistimos a aceptar que esa esperanza transformadora es real. Que esa profecía se hizo real y verdadera en Jesucristo y que El posibilita ese cambio en nosotros y en el nuevo mundo que soñamos. Nos anima a vencer el miedo y confiar de verdad.
» El desamado ya no estará solo. El cobarde se alzara, dispuesto para la lucha. Quien se consume en rencor descubrirá el perdón. El nostálgico abrirá, al fin, la puerta al futuro. El inseguro escuchara la interior voz de un amor eterno. Quien duda sabrá que era verdad. El violento aprenderá compasión. El cínico recobrará la inocencia de antaño. El poderoso se ceñirá una toalla y limpiará las llagas del herido. Todo esto y mucho más, ocurre ahora, cada vez que Tu Palabra echa raíz en mi tierra árida, y sacude mis entrañas tu Evangelio» ( José María R. Olaizola, sj)
Feliz semana y un abrazo, Paco

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor