Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor ciclo C

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor ciclo C

 

Buenas,
hemos llegado al día grande, este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Hemos pasado por el sufrimiento, la oscuridad y el desierto. El mal ha sido vencido y la muerte también. Podemos decir que somos inmortales y que la muerte no tiene la última palabra. La luz que todo lo ilumina nos ha indicado el camino: la confianza, la esperanza, el convencimiento real de que nunca estamos solos, de que somos amados por un amor que todo lo trasciende y se hace inmortal también y eso nos lleva a confiar plenamente y no rendirnos ante las dificultades. Ya sabemos que así es el camino pero que el final merece la pena. Todo merece la pena, nada es en balde. Ahora podemos vivir y soñar de verdad. Todo es real, los pies están en el suelo y el corazón y la mirada en el cielo. Todo es posible para Dios. Ahora todo comienza de nuevo. Ya nada ni nadie puede alejarnos de Él porque sin Él la vida es poca cosa.
Feliz Pascua, Paco

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor