El domingo de la misión en comunidad 14 TO ciclo C

El domingo de la misión en comunidad 14 TO ciclo C

 

Buenas,
este domingo el Evangelio nos habla de envío en comunidad (los enviaba de dos en dos), de la necesidad y urgencia de la misión (la mies es mucha y los operarios pocos), de las dificultades del camino en la misión (el rechazo a la propuesta de fe, como ovejas en medio de lobos..), de la importancia de transmitir La Paz, una paz que en lenguaje bíblico va mucho más allá y que implica mansedumbre, humildad, respeto, aceptación, misericordia. Nos habla también de austeridad, de ir ligeros de equipaje sin dependencias materiales, sin buscar seguridades, sino la confianza plena en el Señor.
Si, porque el Señor da poder a los que van en su nombre. Nuestra fuerza o lo que podamos hacer bien nos viene de lo alto. Lo que consigamos no debe ser para satisfacción nuestra o para que nos reconozcan, sino para dar gloria a Dios de que las personas se vuelvan a Él a través nuestra. Esa es la verdadera alegría. Y sin embargo, cuántas veces nos ofuscamos en la misión como si las cosas dependieran de nosotros. No perdamos La Paz ni el ánimo. Vayamos con humildad sabiendo que todo depende de Dios pero que tenemos que saber ser instrumentos suyos. Que el ego nunca se anteponga al verdadero yo, el de los dones, el de lo mejor de nosotros mismos, el de nuestra entrega sin esperar nada.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles:
“El reino de Dios ha llegado a vosotros”.
Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Él les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».