El domingo de la llamada del pobre 26 TO ciclo C

El domingo de la llamada del pobre 26 TO ciclo C

“Se abre un abismo inmenso”

Buenas,
el Evangelio de este domingo nos habla de un rico que vive para sí, sin compartir sus bienes y el pobre Lázaro, que echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Hasta los perros venían y le lamían las llagas. Al morir ambos, aparece el contrapunto de la vida llevada y la inversión de los papeles y ahora el pobre disfrutando de la gloria. El Señor refleja el gran abismo de una vida vivida y alejada fuera de su presencia y de la misericordia hacia otros, frente a la del desposeído en su totalidad que ahora obtiene su compensación.Al final, desde el tormento, el rico pide que Lázaro vaya a la vida terrena a darles testimonio a sus hermanos para que se conviertan y no sufran como él. Pero el Señor es claro, para eso tienen a Moisés y los profetas y si su mente y corazón están cerrados da igual que aparezca un muerto resucitado que ni en eso creerán.Es un mensaje de esperanza, porque la injusticia en la tierra tiene su castigo y la pobreza y exclusión en la tierra es solamente temporal. Pero también un mensaje para cada uno de nosotros, para los que estamos en el mundo desarrollado. Vivir para sí atesorando, dejándonos llevar por el bienestar y el tener, nos hace insensibles hacia las necesidades ajenas. Nos hace sordos a las llamadas y necesidades de los otros, en especial de los pobres.¿Qué mensaje hará falta en nuestro mundo desarrollado, hiper-comunicado, globalizado, para hacernos tomar conciencia de las injusticias sociales de las que somos autores o, por lo menos, cómplices.
Señor, ayúdame a abrir mis ojos a la vida para ver las injusticias, la pobreza y verte también a ti en los pobres y excluidos. Dame Señor entrañas de misericordia hacia los que sufren. Que no me acomode y me haga insensible a los sufrimientos ajenos y que saque la gran lección que dice el refranero: “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos” para entender que lo que le pasa al otro, mañana me puede pasar a mí y hacer al otro lo que me gustaría que me hicieran a mí.
Feliz semana y un abrazo, Paco

Santo Evangelio según San Lucas 16,19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».
Palabra del Señor