El domingo de la Sagrada Familia Navidad ciclo B

El domingo de la Sagrada Familia Navidad ciclo B

“Movidos por el Espíritu Santo”

Buenas,

la familia es ese lugar que no elegimos pero que hay que saber valorar y comprender. Un lugar donde por la cercanía y el conocimiento de lo que somos, somos puestos a prueba cada día. Un lugar en el que a veces cuesta amar porque la convivencia es difícil y otras veces somos plenamente felices y vemos y sentimos a Dios por todo lo que nos da a través de nuestros seres queridos.

En la familia forjamos nuestro carácter, crecemos en los valores recibidos, formamos nuestra personalidad y deja en nosotros ese sello y marca imborrable para el resto de nuestros días. La familia es una vocación y una llamada a realizarnos y realizar el plan de Dios en cada uno de nosotros. La familia es tarea y misión, compromiso y meta. En este domingo se nos pone como modelo la familia de Nazaret. Jesús quiso crecer y vivir en el seno familiar sin olvidar por ello su auténtica misión. Quiso crecer en sabiduría y bondad en ese ambiente para después hacer familia con todos y cada uno de nosotros. La familia está llamada a ser Iglesia doméstica, comunidad de vida y amor. Seamos siempre constructores de familia regalándonos en lo mejor de lo que somos, estableciendo lazos de unión, paz y entendimiento por encima de las normales dificultades de la convivencia de cada día. No se trata de soportarnos, sino amarnos de verdad.

Feliz tiempo de Navidad.

Un abrazo, Paco

 

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

 

Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor