“Se transfiguró delante de ellos”
Buenas,
este domingo la liturgia nos trae en este camino de la Cuaresma hacia la Pascua, un adelanto del cielo, una clara muestra de la divinidad de Jesús pero también de la plenitud a la que estamos llamados, la pascua que gracias a Jesús podremos vivir en la meta de nuestro caminar por la vida.
El monte Tabor simboliza también los encuentros que a lo largo de nuestra vida hemos podido tener con Jesús, esos momentos en los que El de forma especial se nos ha hecho presente a través de personas, experiencias de fe, encuentros de amor, etc. Qué bien se está aquí o así nos hemos dicho en el fondo de nuestro corazón.
Podríamos preguntarnos también no solamente en las situaciones en la que lo hemos sentido cerca, sino también en aquellas en las que lo hemos sentido lejos y porqué.
Pero los tabores de nuestra vida son impulsos para llenar la vida con el fin de darla, son gasolineras para llenar nuestro depósito con el combustible del amor y luego vaciarnos. La Luz de nuestros tabores son linternas encendidas para los momentos de oscuridad, de dificultad. También para permanecer a la escucha de lo que Él quiere de nosotros, de su plan para nuestra vida. La oración así vivida también puede ser Tabor. “Este es mi Hijo amado, escuchadlo”. Y ahí, en el fondo del corazón escuchar esa Palabra que tiene reservada para mí para luego bajar del monte y hacerla realidad.
ORACIÓN
Señor, ayúdame a descubrir tu presencia sagrada en tantos acontecimientos y sucesos que he vivido. Han sido tabores que me han reconfortado, han dado paz a mi alma y me han provocado un subidón de ánimo e ilusión para trabajar por tu Reino.
Ayúdame a bajar del monte y a lidiar con la tarea que día a día pones en mis manos. Ayúdame a comprender cuando vengan los momentos de dificultad que Tú me mostraste la meta en el Tabor, que no tengo que tener miedo, pero que hay que pasar por la cruz sin miedo y con esperanza de lo que nos espera.
Así te lo pedimos, así sea.
Mc 9,2-10. A veces tenemos la gran suerte de experimentar la presencia de lo sagrado en medio de la vida. Esos momentos nos dan fuerza y aliento para el día a día.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Palabra del Señor
Feliz semana y un abrazo, Paco

