“Los amó hasta el extremo”
Buenas,
tres acontecimientos se ponen hoy de manifiesto en este jueves santo, día del amor fraterno: la institución de la Eucaristía, la del sacerdocio y el lavatorio de los pies. La Eucaristía es banquete y en ella el Señor nos ofrece su Palabra y el alimento de su Cuerpo y su Sangre en un amor hasta el extremo. En la Eucaristía, el Señor nos invita a su mesa como amigos y hermanos para que celebremos con Él el amor, la alegría y la unidad de todos. Es el Sacramento que pone de manifiesto su presencia viva en medio de nosotros.
En ella Jesús instituye el sacerdocio posibilitando así hacerse presente en persona a través del sacerdote y regalarnos su gracia por medio de los sacramentos y el consejo, la palabra y el acompañamiento y entrega del sacerdote para bien de la comunidad.
Por último, nos señala con el gesto del lavatorio de los pies que nuestra misión es la del servicio y entrega a otros tal y como fue la suya. También como Pedro pudiéramos decirle al Señor que no nos lave los pies. Son esas resistencias que podemos poner a la acción del Señor en nosotros. Hay que dejarse hacer por El y hay que llevar esa actitud del servicio siempre con nosotros como criterio y estilo de vida. En todo amar y servir, como decía San Ignacio de Loyola.
Llevemos hoy nuestra oración a los pies del monumento. Que ese momento nos descubra tantas cosas que necesitamos vivir y experimentar.
Jn 13,1-15. De todos los días del año… este quizás es, de verdad, el día del amor. De ese amor extremo e incondicional que nos da Jesús, que recibe de Padre y Madre Dios y nos da a todas y a todos. Una última cena compartida, un gesto de cuidado y servicio… Algo tan sencillo y tan revolucionario como lavarle los pies a sus amigos, siendo Maestro y Señor, que encierra el verdadero significado de seguir a Jesús.
Hay que aprender a comprender: leer entre líneas a Jesús para descubrir que, en realidad, se expresa como un libro abierto. Él es el ejemplo a seguir para APRENDER A AMAR.
Para la reflexión y oración: ¿Qué es lo que más admiras de la forma de amar de Jesús? ¿qué te falta por aprender a ti, en qué puede mejorar tu amor a l@s demás?
Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»
Palabra del Señor

