“No tengáis miedo”
Buenas,
en este domingo la liturgia nos invita a no tener miedo. Jesús en el Evangelio nos lo deja claro: «No tengáis miedo de los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma». Con esta frase, nos vienen a la memoria todos los mártires por la fe, todos los que de alguna manera han entregado su vida y han sido asesinados por ser valientes, por no temer la denuncia de la injusticia frente a los poderosos a sabiendas de lo que podría implicar para sus propias vidas. Hoy hay una Iglesia perseguida que no podemos olvidar en muchos países donde sigue habiendo cristianos, gente sencilla, frailes, curas y Obispos que se la juegan todos los días.
El Papa Francisco en su mensaje a los jóvenes en la JMJ en Cracovia en 2016 lo dejaba claro: «No sean cristianos de sofá, salgan a las periferias, griten a los cuatro vientos que son cristianos, den testimonio con la propia vida…» Hoy hay demasiado silencio y miedo a proclamar la Verdad porque no está de moda, porque se opone a ciertas tendencias de la opinión pública o por miedo a ser tachados de anticuados e insultados.
El Señor lo deja claro no hay nada oculto que no llegue a conocerse, a saberse. Lo que hay que temer es a lo que mata el alma, a la desidia, el acomodo, la búsqueda de la seguridad, de no ser molestados. Hay que temer a la pasividad, a la instalación. A lo que hay que temer es a perder la pasión por la entrega y el servicio por el Reino de Dios, a perder el verdadero amor, a ser egoístas y autosuficientes, a no sentir la necesidad de Dios, a eso es a lo que hay que temer.
Pero el Señor lo deja claro, no tengáis miedo, sed valientes, yo estoy con vosotros.
Feliz semana y un abrazo, Paco
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor

