Buenas,
hoy la liturgia nos trae el núcleo esencial de lo que celebramos cada domingo. Hoy profundizamos en el sentido de la Eucaristía, en su identidad profunda.
La Eucaristía es alimento, pan de vida para cada uno de nosotros. Pan partido de la entrega de Jesús, que dando su Vida por nosotros, nos propone un modelo y un estilo de vida. Por ello es el Sacramento central de la vida cristiana. Es un banquete donde damos gracias y celebramos la verdadera Vida, escuchando su Palabra, pidiendo perdón, alabando, ofreciendo, pidiendo por nuestras necesidades y las de los demás y del mundo, compartiendo y comulgando. Entrando en comunión con Él para llenarnos de sus dones y saciar nuestra sed de plenitud.
De nuestra actitud al vivirla cada domingo dependerá su acción y efecto en nosotros, la transformación que cada domingo pueda hacernos para parecernos más a Él y vivir por y para los hermanos. Ahí está la clave. No se puede separar Eucaristía de entrega total a los hermanos. Los otros son también cuerpo y sangre de Cristo y en el sufrimiento de Cristo dándonos su vida está también el de todos los que hoy sufren y pasan necesidad en el mundo. La pandemia del covid 19 ha puesto en evidencia las desigualdades sociales y a muchos les ha provocado situaciones difíciles. Hoy más que nunca tenemos que entender que en cada persona está su cuerpo y su sangre porque «tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis …»
Ojalá todos entendiéramos bien este Sacramento y lo viviéramos de igual manera. No puede entenderse la vida cristiana sin el Sacramento ni tampoco asistir sin comulgar. No se puede ir de invitado a un banquete y no comer ni tampoco puede entenderse sin la ayuda y entrega a los hermanos, en definitiva sin la misericordia.
Feliz fiesta del Corpus.
Un abrazo, Paco

