Solemnidad de la Asunción de María al cielo ciclo A

Solemnidad de la Asunción de María al cielo ciclo A

“Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”

Buenas,
nos encontramos en una de las grandes fiestas de María, su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Hoy María centra toda nuestra atención y la ponemos en el centro como Madre de Jesús y Madre nuestra, como modelo de fe para todos los creyentes.
El Magnificat de María es el canto más grande como respuesta a la invitación del Señor para hacer su voluntad, decirle sí y realizar su plan en nuestra vida. Proclamar la grandeza del Señor es la primera actitud, la de reconocimiento y adoración que conlleva esa alegría y paz interior que sintió María. María humilde, se hace pequeña para acoger, se despoja de sus planes y deseos para hacer los del Señor, se siente llamada, amada y escogida. Se sabe grande desde la pequeñez por las obras que el Señor realiza en ella y se sabe signo ya para todas las generaciones. La fe de María despierta ya en Ella un corazón universal y para toda la Humanidad. Reconoce en el Señor su Misericordia y su poder y señala la humildad y sencillez de los pequeños frente a la soberbia y vanagloria de los autosuficientes que rechazarán su plan de salvación. Señala también María en este canto los signos que el Señor ha hecho y hará con los necesitados de Dios, con los que tienen sed de felicidad y lo buscan. Y anuncia el plan que realizará con los que le siguen.
A nosotros va hoy también dirigida la invitación y la elección del Señor y nos dice que como María, despertemos, nos levantemos y nos pongamos en camino.
Isabel su prima siente en sus entrañas el movimiento alegre del que será precursor y hoy también tu y yo estamos llamados a sentir en nuestro interior lo que nos remueve por dentro, lo que se mueve en nuestro interior para remar mar adentro y encontrarle ahí. Dejémonos llenar de la presencia del Espíritu en cada uno de nosotros.
Feliz fiesta de la Asunción de María.
Un abrazo, Paco

https://youtu.be/yk1qDoLBuHM

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Palabra del Señor